13º Día de la Cuarentena del Ayuno de Jesús

13-dia

La fe que vence

¡Hola, obispo!

Me gustaría contar algo extraordinario que sucedió en mi vida durante la oración que usted hizo.

Hace 3 años que buscaba el Espíritu Santo y nada. Cada vez que lo buscaba, venían un millón de acusaciones diciéndome que yo no podía recibirlo, diciéndome que el Espíritu Santo no me estaba oyendo. Eran tan perturbadoras esas voces que llegué al punto de no creer más que el Espíritu Santo pudiese venir sobre mi vida. Yo incluso sentía un alivio cuando usted decía que el Espíritu Santo no venía por méritos. Pero cuando usted terminaba de hablar y buscaba el Espíritu Santo, enseguida venían esas voces y yo dejaba que todo eso que usted había dicho ¡se perdiera en un mar de dudas y acusaciones!

En fin obispo, como en todas esas búsquedas que usted hace por la radio, allí estaba yo con la cabeza baja como un pingüino, casi sin esperanza de que pudiera recibir el Espíritu Santo. A decir verdad, ¡ni con ganas de buscar estaba!

Cuando usted comenzó a buscar, no lograba decir nada, pues ya estaba cansada de repeticiones vanas. Solo me quedaba callada, escuchando lo que usted decía en la búsqueda. Pero, de la nada, en un cierto momento de la búsqueda, salí de mi pequeño cuarto y fui hasta el Templo de Salomón.

¡Eso mismo! Yo no sé explicárselo, ¡parecía tan real! En ese momento no sé qué pasó conmigo. Comencé a tener un gozo muy grande y una alegría inexplicable, y cada vez más parecía que estaba yendo en dirección al Altar del Templo de Salomón, parecía que Dios estaba allí. ¡Solo Dios y yo en el Templo!

Obispo, a partir de ese momento todas las acusaciones se callaron y, por primera vez, ¡tuve en paz mi conciencia! Usted paró de buscar, ¡pero yo seguí! Solo lograba glorificar a mi Señor. Nunca había logrado glorificar a Dios de todo mi corazón, ¡pero en esta búsqueda lo logré! ¡Mi adoración salió del fondo de mi alma!

Obispo, si solo por la imaginación tuve esta experiencia increíble con Dios en el Templo de Salomón, ¡imagínese yo allá personalmente!

Ahora entiendo cuando usted dice: ¡VAMOS A VENCER!

Gabriela Mury

bispomacedo.com.br/es/

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