Vicios, vacío, tristeza y homosexualidad eran parte de la vida de Nadia

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Todo comenzó cuando tenía solo 12 años, fui levantada a obrera. Sí, yo era muy joven, el pastor incluso estuvo en duda para levantarme a causa de mi edad, pero acabó levantándome, pues yo demostraba cierta madurez.
Estuve como obrera hasta los 14 años, pero empecé a estudiar y casi no me ponía más el uniforme, mi comunión con Dios era prácticamente nula, y yo pensaba que estaba bien, incluso estuve de novia con un obrero en ese tiempo.

Viví engañada durante años, ayudaba en la iglesia, pero mi corazón ya no estaba más en el Altar, comencé a obedecer a la voz de mi corazón, tenía pensamientos como:
“¿Para qué ser obrera, si ni te pones el uniforme? Casi no vas a la iglesia, mejor ser un miembro salvo, que ser una obrera e irte al infierno…”
Yo creía que mi comunión solo dependía de la iglesia física, gran ilusión.

Decidí largar todo e irme al mundo, terminé con el muchacho con el que estaba de novia y fui a entregar mi uniforme, el pastor trató de ayudarme para que no cometiera ese error:
“Obrera, piénsalo bien, no dejes que el diablo te engañe” – dijo él. Pero de todos modos quise entregar mi uniforme. En realidad ya estaba renunciando a mi salvación.

Sin querer y sin darme cuenta, al poco tiempo me aparté de la iglesia, ni como miembro logré quedarme. El deseo de conocer el mundo era mayor que todo, mi corazón estaba siendo engañado por la voz del diablo. Empecé a relacionarme con hombres, a conocer la bebida, el cigarrillo, pero no era suficiente, necesitaba más, entonces comencé a relacionarme con mujeres. A partir de entonces empecé a tomar mucho más, me caía en la calle, me confundía el camino a mi casa, fumaba hasta quedarme sin aire, usaba todo tipo de drogas: marihuana, cocaína, lanza- perfume, éxtasis, casi sufrí una sobredosis. Me relacionaba con quien quería, a la hora que quería, me transformé en un hombre. Estuve con más de 80 mujeres, llegué a sacar a muchas de ellas de otras iglesias, hasta estuve con una ex obrera.

Estaba muy vacía, todos los días antes de dormirme Le pedía perdón a Dios por todo lo que hacía, pero no sabía por dónde comenzar a cambiar mi vida, pues ya tenía 18 años y no veía una chance de cambio. Después de eso vino la depresión, el miedo y mucha angustia, comencé a cosechar los frutos que yo misma había plantado, pero aun no había llegado a mi fondo de pozo. Fue necesario que sufriera más para volver. Una noche estaba angustiada, con mi corazón muy acelerado, las manos heladas y la boca seca, pienso que mi presión estaba muy baja. Le pedí a mi madre que me llevara al médico. Cuando llegamos, para mi asombro, él dijo: “No tienes nada, tu salud está perfecta, necesitas pasar por el psiquiatra, es como si tu cerebro estuviese enfermo, pero tú no tienes nada, es cosa de tu mente.”

En ese momento me di cuenta que necesitaba a Dios, pues mi alma estaba enferma a causa de estar lejos de Él. Al otro día, miércoles, estaba dispuesta a volver a los brazos del Padre, pero ni bien me levanté sentí un deseo muy fuerte de matarme y terminar con todo. Me arrodillé en el inodoro y dije: “DIOS; SI REALMENTE EXISTES, AYÚDAME A RECOMENZAR”. En ese momento me vino una fuerza, fui a la Universal con mi ex novia y un amigo. El domingo me bauticé y terminé con ella para no volver nunca más.

Hoy, llena del Espíritu Santo, estoy libre de todo: vicios, vacío, tristeza y homosexualidad, tengo paz interior y la verdadera alegría. Soy universitaria y estoy como obrera desde hace 1 año. Estoy de novia con un obrero de mi iglesia, y juntos ayudamos a otros jóvenes con nuestra historia.
En fin, mi vida está totalmente transformada, de adentro hacia afuera. El Espíritu Santo me hizo una nueva mujer, feliz y realizada.

Nádia

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