Vivía en la prostitución, en el vicio del alcohol, estaba llegando a mi fin.

isabella

¡Yo era solo una más en este mundo! Con la visión tapada y con la mente cerrada, vivía solo para mi yo. En lo que yo me convertí en el mundo fue en vano, porque era infeliz. Estaba completamente vacía, hueca; no tenía ninguna perspectiva de vida. Todas las noches tenía pesadillas terribles, bultos que me asustaban y que me decían cosas al oído, siempre antes de dormir.

Me sentía inferior, era el propio complejo de inferioridad. Todo lo que quería era morir, pero los intentos de suicidio fueron inútiles. El camino que seguía solo me llevaba a la nada. Vivía en la prostitución, en el vicio del alcohol, estaba llegando a mi fin. Había personas que me aconsejaban, pero no les hacía caso y siempre hacía las cosas incorrectas, y para castigarme con todo eso, me cortaba. El vacío, la depresión, el mundo, las amistades, los problemas, las voces, todo me dejaba cada día peor y con más deseos de morir.

Fue así que llegué a la Fuerza Joven Universal. Perdida, apagada, infeliz, destruida por dentro y por fuera. Pero, en la Fuerza Joven, las personas a mi alrededor creyeron en mí y me ofrecieron ayuda, sin embargo, yo no sabía qué hacer, existían conflictos dentro mío. ¿Qué era dejar el pecado, abandonar la vida incorrecta y seguir a Jesús? ¿Qué era tener el encuentro con Dios, el bautismo en el Espíritu Santo? Yo no lo sabía. Pero quise. Quise cambiar de vida, quería conocer a Aquel Dios del que todos hablaban. Quise y vencí. Dejar el pecado fue el mayor obstáculo, porque muchas veces tuve que decir «no», y eso dolió. Y lo logré, unas personas me ayudaron, Dios me ayudó.

Todo valió la pena y hoy soy una nueva persona, una nueva joven. La diferencia sucedió cuando el Espíritu Santo me envolvió. El vacío que traía la tristeza, las ganas de morir, las amistades, las bebidas, la prostitución, fue llenado por el amor y la misericordia de Dios. Hoy, bautizada con el Espíritu Santo, soy obrera, me acuerdo de todo lo que pasé, del agujero del que Dios me sacó y me dispongo a ayudar a las personas que se encuentran en la situación en la que estuve, y les doy un consejo: ¡No vale la pena!

La falsa alegría viene para todos. Yo pensaba que era feliz, hasta que encontré a Jesús. Todos sabemos lo que está dentro de nosotros, sabemos si de hecho somos felices. Mire hacia dentro suyo y vea usted mismo… Algo faltaba dentro mío, en realidad faltaba todo. Jesús nos llama todos los días, pero la elección depende de cada uno.

Mi nombre es Isabella Natal, tengo diecisiete años, y mi vida cambió cuando encontré a Jesús en la Universal.

Isabella Natal

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