«Parecía imposible que yo cambiara…»

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A los 14 años de edad empecé a trabajar en la empresa en la que mi padre trabajaba y, desde entonces, comencé a conocer otro mundo, enseguida surgió un deseo diferente dentro de mí, un deseo hacia personas del mismo sexo. Cada día que pasaba, también influenciado por las amistades, ese deseo solo aumentaba.

Después de cierto tiempo, mi familia se mudó a la zona este de San Pablo. En esa época, mis padres comenzaron a desconfiar, sin embargo yo mentía diciendo que iba a estar en un lugar, y me iba a otro. Esa situación fue tan crítica, que mis padres no creían más en mí. Para ir a los bailes y a las fiestas, llegaba a robarles dinero y la tarjeta de crédito, con el fin de sustentar mis lujos. Cierto día, mi madre llegó a mi dormitorio, cerró la puerta y me preguntó si era homosexual. Le respondí con cierto tono de ironía diciendo que sí.

Me di cuenta de que herí mucho a mi madre, estuvo un tiempo sin hablar conmigo y, por más que yo intentara convencerme a mí mismo de que eso era normal, en mi interior sufría, y mucho. Hasta que un día que estaba discutiendo con ella, mi padre llegó del trabajo y me agredió. Salí corriendo porque vi que me iba a golpear si me quedaba ahí parado, fui a la casa de mi tía, donde estuve hasta que mi madre me llamó para volver a casa.

Fue entonces que mis padres se mudaron al centro de San Pablo. Allí los volví a decepcionar, pues empecé a vestirme como mujer. Comencé a hacer shows por las noches como drag queen, llegando a prostituirme en la calle para conseguir algo de dinero.

Sufriendo por muchas decepciones e intentando una solución, mis padres se mudaron nuevamente, esta vez a Guarulhos. Sin embargo, allá conocí a personas que me llevaron más al fondo del pozo. Permanecía todos los días en las calles prostituyéndome, eso era terrible. Conocí por internet a una persona de la que me enamoré, y me puse de novio. A través de él conocí el éxtasis, y cada vez que salía, solo quería consumir esa droga, era adicto. No obstante, cuando terminé la relación con esa persona, comencé a tener más contacto con dos «amigos» del barrio y conocí la cocaína.

Al principio, era como yo decía «todo bien», pero las cosas empezaron a salirse de control, y cada noche, cada fin de semana, quería consumir más y más. De una manera como nunca me lo había imaginado, iba y compraba más droga. Llegué al punto de vender mi cuerpo para conseguirla y andaba por las calles a la noche, totalmente drogado, en la sed de encontrar a alguien para prostituirme y comprar más.

Lo que más me dolió fue cuando un día había consumido mucha cocaína y, al entrar en casa, no me di cuenta de que un poco de la droga quedó en la punta de mi nariz, y mi madre la vio. Eso la devastó, y dentro de mí se abrió un agujero enorme. Esa situación me tiró aún más hacia el fondo del pozo. En las noches en las que deambulaba por las calles, Dios me libraba de la muerte y yo no veía eso, hasta que un día conseguí un empleo, y entonces Dios usó a una persona para abrirme los ojos y me desperté. Me dije a mí mismo: «Tengo que cambiar mi vida, no estoy viendo a Ednei, sino a un cuerpo sin vida».

A partir de ese momento, comencé a frecuentar las cadenas de liberación en la Universal y luché para cambiar mi historia. Fue cuando una obrera me invitó a participar de la Caravana del Rescate y, en esa reunión, Dios habló de tal forma conmigo que me lancé por completo, me bauticé en las aguas y de ahí en adelante enterré de una vez por todas a mi viejo yo, dejé al viejo Ednei. Dejé de fumar, de consumir drogas y de prostituirme. Comencé a buscar el Espíritu Santo con todas mis fuerzas, pues me di cuenta de que necesitaba de Él. Y un domingo por la mañana, recibí el Espíritu Santo. Desde entonces, Dios comenzó a trabajar en mi interior y me convertí definitivamente en una nueva persona.

Hoy mi vida es otra, quien me ve hoy por la calle dice que soy diferente, que tengo algo bueno en la mirada, y que les transmito algo diferente a las personas. No tengo más tristezas, vacíos, vicios, no me prostituyo más y dejé la homosexualidad. Soy un hombre feliz y realizado, en fin, estoy totalmente transformado, por dentro y por fuera.

Ednei

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