El precio de la ansiedad

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Mi esposo cuenta que cuando él y su hermano gemelo eran muy jovencitos no veían la hora de madurar y transformarse en adultos para tener barba y pelos. Fue entonces que, una vez jugando con su gato, mi esposo tuvo una idea:

–      “¡Ya sé! Le voy a cortar un poquito el pelo a Tico y pegarlo en mi pecho para mostrarle a mi hermano que estoy creciendo antes que él. El pelo es negro. No va a darse cuenta”.

Después de la idea loca y de hacerle algunos agujeritos en el pelaje de Tico, los mescló con pegamento y se pasó aquellos pelos y corrió a mostrarle a su hermano.

Cuando lo vio, ¡quedó desconsolado!

–      “Maaaa, ¡él ya tiene pelos y yo no!”, le contó su hermano en llanto.

Mientras la mamá miraba más de cerca para entender lo que estaba sucediendo, el gatito pasó por la sala lleno de agujeritos.  ¡No quedó otra!

Mi esposo cuenta que llevó tanto que aprendió la lección.

Moraleja de la historia:

A veces, quieres porque quieres que las cosas sucedan a tu tiempo, de tu manera y, por eso acabas saliendo con la persona equivocada, haciendo junta con malas amistades y tomando actitudes que más tarde te harán sufrir,

Para todo en la vida existe un tiempo y un momento correcto. Cuando nos ponemos ansiosos e intentas apurar las cosas sufriremos las consecuencias en el futuro y entonces, de qué sirve ponerte “feliz” por un poquito de tiempo y llorar más adelante, ¡¿no es cierto?!

¿Y, tú? ¿Has estado ansiosa por algo? Deja aquí tu comentario.

Fuente: nandabezerra.com

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