El Sacrificio

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“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que Él nos abrió a través del velo, esto es, de Su carne…” Hebreos 10:19-29

Al hablarles acerca del Templo a un grupo de judíos, alguien me hizo la siguiente pregunta:

“Obispo: en el pasado, solo el sumo sacerdote tenía acceso al lugar más sagrado del Templo, que era el Santo de los Santos y, para eso, debía consagrarse y purificarse durante todo el año, de lo contrario moriría allí mismo al atravesar el velo. En el caso del Templo de Salomón, ¿habrá Santo de los Santos? ¿Podremos entrar todos?

Me pareció que esa pregunta era muy interesante, pues pude hablarles sobre el sacerdocio del Señor Jesús.

Eso es extremadamente profundo, pues la principal función de los sacerdotes era ofrecer sacrificios por sí mismos y por el pueblo.

El detalle es que ellos ofrecían los sacrificios, pero no eran el propio sacrificio, como Lo fue nuestro Señor Jesús. Él, como Sumo Sacerdote, entró en el Santo de los Santos ofreciéndose a Sí mismo como Sacrificio único, perfecto y definitivo para pagar y cancelar la deuda de todos nosotros, o sea, nuestros pecados, los cuales nos impedían tener acceso al Santísimo Lugar, donde estaba el Trono del Dios Todopoderoso.

Él fue, al mismo tiempo, el Sacrificador y el Propio Sacrificio, por eso nos consagró un nuevo y Vivo Camino por medio de Su cuerpo martirizado en la cruz, por lo cual podemos, por la fe, llegar a la presencia del Altísimo.

No necesitamos de nadie, ni de pastor, de padre, de obispo o de sacerdote para entrar en ese Lugar tan glorioso. ¿Sabe por qué? Porque Él, nuestro Señor y Salvador Jesús, cuyo Nombre es Santo, nos consagró y nos hizo reino de sacerdotes para Dios, como está escrito:

“… y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque Tú fuiste inmolado, y con Tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.” Apocalipsis 5:9-10

¡Eso es muy glorioso!

El Templo que nosotros construimos, para que el Nombre del Dios Vivo esté en él, tiene en su exterior un gran patio, una gran explanada; pero interiormente, no tiene divisiones, pues todo él será el Santo de los Santos, ¡Sí!

Todos los que entran en esa Casa de Oración, sean ricos o pobres, cultos o incultos, tengan una religión o no, tienen acceso, por la fe en el Nombre del Señor Jesús, al Santísimo Lugar, donde habita la gloria de Dios, porque el velo que separaba no separa más, pues fue rasgado de arriba abajo.

“Y he aquí, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron…” Mateo 27:51

Fuente: bispomacedo.com.br/es

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