Cómo yo veo a Dios

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Nos quedamos perplejos delante del Universo y del espectáculo de la vida, pero, aún siendo obras admirables, ellas no revelan toda la majestad y grandeza del Creador.
Todo lo que existe son apenas susurros de Su potente Voz y ya nos deja extasiados.
Cada obra visible e invisible de Sus Manos pulsan para atestiguar Su autoría.

Podemos contemplarlo en el cielo extendido y puntillado de un incontable ejercito estelar todos los días, a miles de años.

A través de Su poder, el Altísimo sustenta la Tierra de forma gravitacional en el espacio, aparentemente sobre la nada. Él mantiene en depósito millones de litros de agua, distribuidos en pequeñas partículas suspensas en nubes en la atmósfera. Bondadosamente no permite que ellas se rompan de forma trágica sobre los hombres, pero las deja caer en forma de lluvia y rocío.

Yo Lo admiro en la belleza de la luz, de los colores, de las formas y de los sonidos. En la gran variedad de la fauna y de la flora. En la sincronía de los movimientos del planeta; en el día y en la noche; en el respeto de las aguas a sus limites y en la llegada de las estaciones.

¿Cómo puede ser obra de la evolución un cuerpo como el nuestro, compuesto por trillones de células y un mapa genético único, lleno de características exclusivas en cada individuo como el color de los ojos, piel, cabellos, y altura? ¡Sin hablar de los fantásticos sentidos, como la visión, audición, paladar, tacto y olfato! De la frágil y simple arcilla para una maquina compleja en perfecto funcionamiento, incapaz de ser reproducida hasta mismo por los más inteligentes hombres juntos. ¡Imposible no ver el soplo Divino en nosotros humanos!

Yo veo a Dios en el alimento que tenemos en nuestra mesa, a pesar de la pésima administración del hombre de los recursos de la Tierra entregados en sus manos.
También en la familia, en la amistad sincera, en el abrazo y en la sonrisa.

Pero Él no está solamente en lo extraordinario, bello y bueno. Lo veo también en las cosas simples y cuando estoy delante de las situaciones.
Yo lo veo cuando camino en los verdes pastos, pero también en el valle de sombra de muerte.
En los días de dolor, cuando las lágrimas densas escurren en mi rostro, yo veo Su consuelo.
En la ausencia de las personas queridas, yo me deleito en Su compañía.
En las pérdidas dolorosas que sufrí, vi Su perfecta restitución.
Yo veo a Dios cuando escucho “si” o cuando escucho “no”. Sé que es mi Padre, aún sin entender, sé que hace lo mejor para mí.
Yo veo a Dios en las puertas que se abren y en aquellas que se cierran.
Cuando Él cura o cuando permite morir. En la bonanza o cuando Él consiente tempestades.

Yo elijo seguir viendo a Dios en todo en mi vida.
En las cosas grandes y en las pequeñas. Buenas y malas. En el libramiento o en el problema. Hasta en la muerte yo voy a verlo. Ella me dará condiciones de conocerlo cara a cara. Ella será el triunfo, la coronación de la vida por la fe.

Por el momento, nuestro conocimiento espiritual no llega a los bordes de la esencia de lo que realmente es nuestro Dios.
Yo también veo que todo sacrificio es pequeño comparado a la gloria de la Salvación.
¿Y usted, logra ver a Dios en su vida?

Hasta la próxima semana.

Cristiane Cardoso

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