Perdonar es indispensable para ser libres

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El perdón no es una opción, no hay elección, es una imposición para que usted sea libre. No vale la pena que usted cargue sentimientos malos porque lo destruyen a usted mismo, lo hacen ser infeliz, e incluso, maldito. No sirve que venga a la iglesia, porque no se resolverá su problema mientras usted no perdone.

La Biblia dice: “Por lo cual el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos.”, (Mateo 18:23-24). Un denario es un día de trabajo y un talento equivale a 6 mil denarios. Entonces, 10 mil talentos son 60 millones de días de trabajo. ¿Quién vive 60 millones de días? En otras palabras, 10 mil talentos corresponden a una deuda impagable.

Nuestra deuda con Dios es impagable. Para que usted viva en el Reino de los Cielos, usted tiene que pagar una deuda impagable.

“A este, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda.”, (Mateo 18:25). Imagínese a ese siervo, su vida, a su esposa, a sus hijos, a sus empleados, todo lo que posee vendido para compensar su deuda, y aun así no iba a alcanzar.

“Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.”, (Mateo 18:26-27). Eso sucedió conmigo, mi deuda fue perdonada porque mi Señor me perdonó.

“Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda.”, (Mateo 18:28-30). Eso no es justo, causa indignación. Y es esa la indignación que Dios siente cuando nosotros no perdonamos a los demás.

Su deuda con Dios es infinita, ¿y usted está peleando con aquella persona para que le pague por el mal que hizo en su vida? Dios le perdonó, ¿cómo puede ser que usted no pueda perdonar también una pequeña deuda de otra persona con usted?

Delante de Dios no existe pecado pequeño o pecado grande, y la Biblia dice que el precio del pecado, sea grande o pequeño, es la muerte. Cuando la persona carga dentro de sí un resentimiento, no quiere perdonar, está pecando, se está encaminando hacia la muerte.

Para Dios no existe blanco, negro, feo, bonito, hombre, mujer, niño, joven, viejo, homosexual, delincuente, ladrón, prostituta, o lo que sea. Para Dios todos somos almas, y el alma que peque morirá. Esa es la ley inflexible de Dios.

Si usted perdona, será perdonado. Si usted no perdona, carga dentro de sí el peso de la muerte eterna. Si usted no perdona, es usted quien se está matando a sí mismo.

No se preocupe por la persona que le robó o le hizo daño. Primero, cuide su alma. Si usted carga un resentimiento contra otra persona, líbrese de él inmediatamente, para que usted sea salvo y pueda salvar a otras personas.

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