Reloj apocalíptico

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Con la frase “tres minutos para la medianoche es estar cerca, demasiado cerca”, el Boletín de los Científicos Atómicos reveló su decisión de mantener el “Reloj del Apocalipsis” en el mismo punto que el año pasado.

“Nosotros, los miembros del Panel de Ciencia y Seguridad del Boletín de los Científicos Atómicos queremos ser claros sobre la decisión de no mover las agujas del Reloj del Apocalipsis en 2016: Esta decisión no es una buena noticia, sino la expresión de preocupación porque los líderes mundiales continúan fallando en orientar sus esfuerzos y la atención mundial en reducir el extremo peligro representado por las armas nucleares y el cambio climático.

Denominamos a esos peligros ‘existenciales’, porque es eso lo que significan: amenazan la mismísima existencia de la civilización, por lo que debería ser la principal prioridad de los líderes que se preocupan por sus representados y sus países”.

A través del minutero del Reloj metafórico, los investigadores que publican el Boletín de los Científicos Atómicos, en la capital de los Estados Unidos, Washington D.C., intentan llamar la atención sobre la vulnerabilidad del mundo por las catástrofes que se deben al uso de armas nucleares, el cambio climático y las nuevas tecnologías.

El año pasado, los científicos habían adelantado dos minutos el Reloj, de cinco a tres minutos para la medianoche, argumentando que el cambio climático, la modernización de armas nucleares y los enormes arsenales de armas nucleares eran “amenazas extraordinarias e innegables para la existencia continua de la humanidad”.

La decisión de mover el minutero se hace a partir de una consulta a diferentes expertos, que incluye a 16 científicos que ganaron un Premio Nobel.

En 2016 mantuvieron el mismo nivel de amenaza que en 2015, al igual que las recomendaciones:

· Reducir dramáticamente el gasto propuesto en los programas de modernización de armas nucleares.
· Revitalizar el proceso de desarme, enfocándose en los resultados.
· Comprometer a Corea del Norte a reducir riesgos nucleares.
· Continuar con el acuerdo de París con acciones que reduzcan drásticamente las emisiones de gas de efecto invernadero y cumplir la promesa de mantener el calentamiento global por debajo de 2º C.
· Resolver el problema de los desechos nucleares comerciales.
· Crear instituciones específicamente designadas a explorar y detectar el uso indebido y potencialmente catastrófico de nuevas tecnologías.

De acuerdo con el Boletín, “el Reloj se fija ahora a solo tres minutos de la medianoche porque los líderes internacionales están fallando en su tarea más importante: asegurar y preservar la salud y vitalidad de la civilización humana”.

El “Reloj del Apocalipsis” fue creado en 1947 simbolizando la urgencia de la comunidad científica por transmitir a los líderes políticos y al público en general los peligros nucleares a los que la humanidad está expuesto.

Ese año, el minutero se fijó a siete minutos de la medianoche.

Durante el tiempo que transcurrió, el momento más crítico se dio en el año 1953, cuando el minutero se colocó a solo dos minutos de la medianoche. En ese entonces, Estados Unidos realizó pruebas por primera vez con dispositivos termonucleares y nueve meses después, los soviéticos probaron su propia bomba H. Por otro lado, en 1991, se logró la mayor distancia, 17 minutos de la medianoche, gracias al final de la Guerra Fría y a los esfuerzos conjuntos de EE. UU. y Rusia por reducir drásticamente su arsenal nuclear.

El futuro del “Reloj del Apocalipsis está en manos de toda la humanidad”. Dependerá de cada uno tomar las acciones necesarias para mejorar este sombrío panorama.

“Ya vivimos en el período apocalíptico”

En su libro Estudio del Apocalipsis, el obispo Edir Macedo afirma: “Casi todos los autores de estudios sobre el Apocalipsis han concordado que a partir del quinto capítulo, el Libro de la Revelación se torna una gran incógnita, especialmente hasta el capítulo decimonoveno.

La esperanza de develar el misterio ha empujado a los hombres más eminentes y eruditos a utilizar sus talentos y tiempo en la búsqueda de respuestas. Muchas hipótesis y conjeturas bien intencionadas se han hecho en este sentido, lo que no nos impide investigar, meditar y buscar en el Espíritu Santo la revelación de lo desconocido. Ante eso, el propio Dios, a través de Su Espíritu, tiene interés en revelar el significado de esas profecías, con el objetivo del fortalecimiento de la Iglesia de su Hijo para prepararla para el arrebatamiento, que se dará antes de la Gran Tribulación. Además de eso, estoy seguro de que el propósito de las profecías fue que sean reveladas, en especial para la Iglesia Cristiana del final de los tiempos, sino habrían sido transmitidas.

El paralelo entre los hechos mundiales y las profecías apocalípticas se ha estrechado a tal punto que no deja ningún margen de duda en cuanto al hecho de que ya estamos viviendo el período apocalíptico. Nuestro Señor dejó como aviso las siguientes palabras: ‘De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también nosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.’, (Mateo 24:32-33). ‘Pero como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre, pues como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre.’, (Mateo 24:37-39). Por lo tanto, el cristiano tiene que mantenerse alerta permanentemente y cuidarse para que el ladrón no venga a robar el más precioso tesoro que el Señor Jesucristo nos ha dado, esto es, la Salvación eterna.

Las catástrofes que se abatieron sobre la Tierra, mostradas en el Apocalipsis, tienen el objetivo de preparar al mundo para la revelación visible del Señor Jesucristo. Así como Juan el Bautista preparó el camino para la venida del Salvador, el libro de Apocalipsis prepara el camino para el Señor y Juez Eterno, a quien Dios dio toda la autoridad y poder, tanto en los cielos, como en la Tierra. ¡Todo está en las manos del Señor Jesús!

Aquel que teme al infierno eterno y está dispuesto a hacer cualquier sacrificio para evitarlo, solo tiene un camino que tomar: aceptar al Señor Jesús como Salvador y vivir en la práctica de Su Palabra. ‘Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas, porque el tiempo está cerca’, (Apocalipsis 1:3)”.

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