¿Quién es usted para juzgar?

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Los otros niños se burlan del que tiene la muñeca, la valija; y llegan incluso a pelear con él. Todo porque creen que esos objetos le pertenecen al niño.

Sin embargo, al final, la víctima le llevaba esos objetos a una niña que se encontraba internada en un hospital, para incentivarla a seguir con el ballet.

Es decir: los “más fuertes” juzgaron al niño sin siquiera saber lo que se estaba pasando y, peor aún, de una manera que no buscaba aporta nada, sino despreciar a la víctima.

¿Y cuántas veces no actuamos de esa manera?

En su blog, el escritor y disertante Renato Cardoso, explica que cuando el Señor Jesús dijo “no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados” Él se estaba refiriendo justamente al tipo de juicio realizado por los agresores del comercial.

“Jesús estaba refiriéndose básicamente al “espíritu crítico”, una actitud obsesiva que lleva a muchas personas a criticar y a buscar fallas en los demás, siempre con el objetivo de desanimarlos”, afirma él.

Según el escritor, esa manera de actuar está mal, porque no trae beneficios para el agresor, ni para el agredido. “Esto simplemente es fruto de la maldad que hay dentro del corazón de quien juzga”, garantiza.

¿Juzgar o no juzgar?

Sin embargo, en la misma publicación, Renato Cardoso les recuerda a las personas otro importante pasaje bíblico:

 “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.” (Juan 7:24)

Aquí, la Palabra afirma que el ser humano sí debe juzgar, pero no según las apariencias.

“Seamos honestos, el ser humano es un maestro en juzgar por la apariencia. Llegamos a la conclusión del carácter de una persona por su color de piel, de sus intenciones por lo que otros dicen de a su respecto, y de su capacidad por su nivel de educación.  Es exactamente ese tipo de juicio que Jesús reprobó. La justicia recta no es su opinión ni la mía, sino la Ley de Dios”, explica Renato Cardoso.

Y ese juicio sirve para saber si aquella compañía, aquel hábito o aquel objeto le sirven a su vida o no. Nunca para intentar destruir a alguien solo porque, a su juicio, no está actuando correctamente. Antes, la Biblia ordena que, después de analizar, es necesario alejarse del mal.

“Sí, nosotros tenemos la obligación de juzgar todo y decidir lo que es bueno para nosotros y lo que no. Por supuesto que, nadie es obligado a juzgar con rectitud. Realmente somos libres. Cada uno en lo suyo. Pero, no olvide una cosa, somos libres para elegir, no obstante, seremos esclavos de nuestras elecciones”, concluye Renato.

¿Quiere ver la explicación completa de Renato Cardoso sobre el tema? Ingrese aquí y lea la publicación original en su blog.

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