La debilidad de Dios

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Tranquila, tranquila… déjeme explicar ese título antes de condenarme…

Usted que es madre sabe que cuando su hijo es pequeño, quien manda es usted. La madre decide la ropa que va a llevar, la hora de dormir, los amigos, y hasta su corte de cabello. Echo en falta esa época…Cuando él crece, todo cambia automáticamente y peor, a veces no es ni lo que el propio hijo quiere y sí lo que el mundo quiere de él. La palabra de la madre entonces queda descartada, sin ninguna fuerza en la vida de su hijo.

Infelizmente, lo mismo acontece con Dios. Mientras oímos Su Voz  y nos sometemos a Él, tiene poder sobre nosotros y Sus promesas se cumplen obviamente. Pero cuando queremos hacer nuestra voluntad y oír la voz de todos menos la de Él, claro está Él no puede ayudarnos, y por lo tanto diga adiós sus promesas. Es ahí que Él no tiene poder alguno… y lo peor, el poder queda en las manos de aquellos a quienes oímos:

  • Las novelas, series, programas y películas que denigran la imagen del hombre y de la mujer, promueven el fracaso en la vida amorosa y familiar, a la vez que incentiva a todos a disfrutar locamente la vida.

 

  • La religiones y diferentes denominaciones que promueven una verdadera ensalada de hipocresía que sólo sirven para alejar a las personas aún más de Dios.

 

  • Amistades que curiosamente tiene más valor que la propia familia. Antes ellas estaban sólo en el lugar de trabajo y en la escuela, ahora ellas están todo el tiempo en las redes sociales y la presión por agradarlas es tan grande que muchos jóvenes no hacen otra cosa a no ser vivir de apariencias.

 

“Porque los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente suyo. Tú has obrado neciamente en esto. Ciertamente, desde ahora habrá guerras contra ti.” (2 Crónicas 16.9)

Y aquellos cuyo corazón no es por completo de Él, ¿acaso hay cómo Él mostrarse fuerte para con ellos? ¡Claro que no!

Nosotros damos fuerza a quien oímos. Dios es fuerte pero si somos débiles en relación a Él, no hay como beneficiarnos de Su fuerza …

En la fe y en el Escondrijo del Altísimo.

Colaboró: Agatha Cristina

Cristiane Cardoso

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