25º Día de la Cuarentena del Ayuno de Jesús

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Nace la becerra colorada en Estados Unidos

Hace cerca de 2 mil años ha sido aguardada por los judíos la noticia que fue recientemente divulgada: nace la becerra colorada para el ritual de la purificación.

Quizás para usted el tema sea un poco extraño, pero incluso para los judíos su real significado es de difícil comprensión, tanta es su profundidad.

Después de que el pecado contaminó al hombre, a causa de la desobediencia, vinieron graves consecuencias. Como precio de esa cuenta, surgió la muerte, llamada «salario del pecado». Esta se volvió la representante máxima del pecado. Cada vez que una persona moría, estaba allí la fuerza de la sentencia, y toda persona que se acercara o que tocara a un cadáver se volvía impura.

¿Y cómo purificar a alguien contaminado? – preguntó Moisés.

Dios le respondió presentándole un estatuto que proporcionaría un medio para librar al hombre de esta impureza y lo haría tener el privilegio de una comunión con Él.

El Altísimo declaró como precepto de la Ley, en Números 19, que Eleazar, el sacerdote, debería tomar una becerra colorada – perfecta en su color y sin defecto físico. La exigencia en cuanto a la perfección de la becerra era tan grande que incluso sus molleras eran evaluadas. Además de eso, sus lomos nunca podrían haber cargado yugo. Su edad normalmente variaba entre tres o cuatro años y debería ser adquirida con el valor retirado de las ofrendas del Templo para representar a todo el pueblo de Israel.

Ese ritual solo debería ser hecho fuera de los muros del campamento. Después de la construcción del Templo, el Monte de los Olivos fue el lugar escogido. Había incluso un acceso especial de la puerta oriental del Monte del Templo para él. Ese acceso era usado el día de la Expiación, con la ida del chivo expiatorio hacia el desierto, y el ritual de la purificación.

Llegando al lugar, la becerra era abatida a los ojos del sacerdote. Y con un poco de sangre sostenida en su mano izquierda, él mojaba su índice derecho para hacer siete veces la aspersión en dirección al Templo.

No había Altar, solo leñas para quemar la becerra. Junto al animal en llamas, se agregaba un gajo de cedro, un gajo de hisopo y un manojo de lana carmesí. Todo era quemado hasta que se transformara totalmente en cenizas.

Después, esas cenizas eran guardadas por un hombre puro, para, luego, ser mezcladas con el agua de manantial. Tras ese proceso estaba lista el agua purificadora.

Esa mezcla era dividida en tres partes iguales. La primera sería para el patio del Templo. La segunda, para todos los que desarrollaban trabajos sagrados; y la tercera era colocada en el Monte de los Olivos, para la purificación de todos los judíos.

Según los estudiosos, desde la antigüedad hasta los días de hoy, ese ritual fue realizado solo nueve veces, debido a la rareza de encontrar el animal.

Consta en un comentario a Mishná (código de Leyes judaicas, también conocida como Torá Oral), de Maimónides, que la décima becerra será preparada por el Mesías. Por eso, la aparición de esta novilla es vista por el Judaísmo como una gran señal profética. Vale resaltar que este animal pasará por evaluaciones durante los próximos meses para ver si ninguno de sus pelos cambiará de color.

Para nosotros, los cristianos, el Señor Jesús, nuestro Mesías, vino y cumplió toda la Ley, inclusive el ritual de la becerra colorada.

Su agonía también comenzó en el Monte de los Olivos (Mateo 26:30), así como Su muerte y sepultura, que sucedieron fuera de la ciudad (Hebreos 13:12).

Él nunca tuvo un peso de culpa o transgresión en Sus hombros. Desde la más tierna edad hasta Su último suspiro en la Tierra vivió para obedecer al Padre.

El color colorado estuvo en Su sacrificio, en Su manto y en Su Sangre, que cubrió todo el cuerpo, desde lo alto de la cabeza, clavado por la corona de espinas, hasta Sus pies, traspasados por los clavos – Su piel no se veía, solo Sus heridas.

Fue molido por la rebeldía humana y Se hizo el más impuro de los hombres, cargando sobre Sí incontables iniquidades.

De la misma forma que la becerra debería ser abatida a los ojos de Eleazar, y este mojaría sus manos en la sangre, así Caifás, el sumo sacerdote, fue el responsable y el supervisor directo en la muerte del Señor Jesús.

El Mesías también fue como el cedro, el más alto, más noble y más duradero de todos los árboles. Sin embargo, fue también como el hisopo, el menor, el más simple y purificador de los arbustos.

Después de Su muerte, Su cuerpo fue cargado por un hombre puro, por su sinceridad: José de Arimatea, y fue guardado en un sepulcro nuevo (Juan 19:41).

Y por medio del sacrificio perfecto del Señor Jesús, hay purificación y redención completa para el alma. Las cenizas le dieron lugar a la Sangre más preciosa y poderosa, capaz de borrar pecados, mediante el arrepentimiento sincero.

Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la Sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno Se ofreció a Sí mismo sin mancha a Dios…? Hebreos 9:13-14

En toda la historia de los sacrificios judíos, millones de animales tuvieron su sangre derramada en altares. Pero ninguna sangre es comparable al más sublime hecho en el altar natural del monte Calvario.

A pesar de ser tan deseada y buscada en todos los rebaños del mundo, ¿por qué no hubo, en 2 mil años, ninguna becerra colorada?

Puede ser este un hecho significativo en la historia de Israel, el reloj de Dios para la segunda venida del Mesías, el Señor Jesús.

Y si está cerca Su regreso, más cercano aún está el arrebatamiento de la Iglesia.

Esté preparado, pues el Novio, como dice la tradición judaica, viene a buscar en casa a Su amada novia, la Iglesia. Y, mientras tanto, no sabemos ni el día, ni la hora.

Obispo Macedo

www.bispomacedo.com.br/es/

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