5º Día de la Cuarentena del Ayuno de Jesús

5-dia

Santidad al Señor

Santos seréis, porque santo soy Yo el SEÑOR vuestro Dios. Levítico 19:2

Luego de la liberación del pueblo de Israel de Egipto, descripta en el libro de Éxodo, el Altísimo revela en el libro de Levítico los detalles de cómo el hombre podría acercarse y mantener una comunión con Él.

Comenzaría allí la jornada más fascinante de los judíos: Un Dios Santo habitando entre un pueblo, que también debería ser santo, instruido con una Palabra Santa, con el auxilio de sacerdotes y servicio santo, para así obtener la conquista y la preservación de su Tierra Santa. Pero, para eso, era necesario que hubiera santidad.

En todas las Escrituras Sagradas, la santidad es enfatizada como una necesidad de los que quieren andar con Dios. Solamente en el Antiguo Testamento(AT) el término aparece más de 400 veces. Siendo que, en Levítico, algunas palabras relacionadas son usadas más de 90 veces. Purificación, por ejemplo, aparece más de 70 veces. Podemos definir que el asunto principal del libro es la Santidad al Señor, y que ella no es dispensable en el Nuevo Testamento (NT), como juzgan muchos cristianos.

En el Nuevo Testamento, el libro de Levítico es mencionado aproximadamente 100 veces. Queda en evidencia la sed de Dios en manifestarse al hombre, no solamente con Su poder, mediante milagros y señales, sino, sobre todo, con Su gloria, que a lo largo de los años les fue revelada a pocos.

Sobre las varias designaciones para los términos santo y santidad, podemos definir como más importantes a las expresiones «separado», «dedicado», «consagrado», «puro», «inviolable» y «lo que inspira temor y reverencia».

Entendemos así que, en el pasado, no eran las órdenes o el ritual lo que purificaba, sino que al practicarlo, la consciencia debería ser despertada para que la persona supiera que no estaba en la presencia de cualquiera. Cabía al hombre el temor para no jugar y no despreciar nada que fuera sagrado. Las leyes referentes al culto, a los sacrificios y votos, a la tierra, al pueblo, a las fiestas, entre otros, tenían como único objetivo separar a la nación de Israel de todos los demás pueblos.

Por eso, en cada detalle había distinción – incluso en las vestiduras cuidadosamente escogidas por Dios para el oficio en el Tabernáculo. Cada prenda era singular y tenía importantes significados. Al usarla, era imposible no darse cuenta de que se estaba delante de una persona destacada. Dios quería ser revelado de todas las formas, interiormente y exteriormente, como una alianza: «YO muestro que ESTOY con ustedes, y ustedes, a su vez, muestran que Me pertenecen.»

El último ítem del traje del sumo sacerdote, por ejemplo, les revelaba a todos, pero principalmente a sí mismo, que la honra dada exigiría un precio: vivir lejos de las impurezas y en consagración al Señor Dios.

Harás además una lámina de oro fino, y grabarás en ella como grabadura de sello: Santidad al Senhor. Éxodo 28:36

Esa lámina se asemejaba a un diadema conteniendo la inscripción Divina y sería usada continuamente en su frente, en la parte de adelante de la mitra.

Según la neurociencia, es en esta región, llamada lóbulo frontal, que las decisiones complejas son tomadas y se hace la planificación de las acciones conectadas a sus intenciones. Aquella lámina impresa en su frente, de oreja a oreja, era para recordarle al sumo sacerdote que todos sus pensamientos y elecciones deberían ser sometidos a un concepto espiritual. Ella sería como una especie de corona sagrada, siendo una paradoja para el mundo.

A diferencia de los reyes, que exhiben sus coronas imponentes en lo alto de sus cabezas a los demás, en la frente de aquel siervo, de forma bien visible a Dios y a los hombres, debería estar impreso el único propósito de su vida: vivir en santidad al Señor.

En los días actuales, lamentablemente, el mal testimonio de algunos que ocupan funciones sagradas ha sido tan grande que se ha vuelto necesario reforzarles a los nuevos convertidos que no miren al hombre, pues estos son extremadamente fallos. Sino que, al contrario, deben mirar solamente a Dios, porque solamente Él es perfecto.

Esa enseñanza ha sido exhaustivamente explicada debido a los múltiples escándalos provocados por la falta de temor y santidad. El Señor Jesús es el Fundamento de Su Iglesia, pero Sus siervos deben ser como las columnas que sustentan un edificio con sus testimonios de temor y fidelidad.

Así, la santidad se manifiesta en el carácter, en el celo diario de la vida espiritual: para los solteros, en la forma de comportarse en el noviazgo; para los casados, en cómo conducen sus matrimonios. Ella se revela también en la elección de las amistades, en los criterios para obtener ventajas, etc. En fin, no se limita al comportamiento perfecto presentado en la iglesia, sino, principalmente, fuera de ella.

Por esa razón, solamente después de que el sumo sacerdote estaba vestido y usaba la lámina en la frente, era ungido y recibía autoridad. De esta forma, el valor de sus vestiduras excedía cualquier valor monetario, después de todo, ¿quién podría contabilizar la confianza y el privilegio otorgados por el propio Dios?

En la actualidad, los que piensan que la gracia es el pasaporte a un servicio sin orden o disciplina se engañan, pues el sacerdocio de Cristo es superior al sacerdocio levítico. La antigua alianza, afirmada en la Ley, era transitoria e inferior a la nueva alianza que hoy vivimos, pues esta es eterna y superior. La Ley fue una preparación para la capacitación perfecta que vendría por medio del sacrificio del Señor Jesús. Un nuevo pacto fue hecho, no con sangre de toros o de machos cabríos, sino con la Sangre del Cordero de Dios, lo que hace que nuestra responsabilidad delante de Él sea incomparablemente mayor.

Si en el propósito original era exigida tamaña santidad, con el sacrificio involuntario de animales, ¿qué podremos hacer mediante la ofrenda del Hijo de Dios, que Se entregó voluntariamente? (Hebreos 10:7)

Nuestro servicio tiene que ser mucho mejor hoy, ya que nos estamos entrenando para lo que haremos en el cielo (Apocalipsis 22:3). ¡Eso mismo, en la Nueva Jerusalén el trabajo continua!

Concluyendo, la vida en santidad hace que se viva en una nueva dimensión y que se tengan nuevos objetivos. Como Moisés, que se atrevió a pedir ver la gloria de Dios. Él ya había visto manifestaciones grandiosas de Su poder, pero su sed ahora era otra (Éxodo 33:18-23).

En nuestros días, no tenemos manifestaciones en las que aparece Dios, como en el pasado, en donde Se revelaba por medio de nubes, fuego, voz y visiones. Sin embargo, Él Se manifiesta de forma mucho más poderosa, dándole al hombre la oportunidad de conocerlo e incluso recibir Su Espíritu Santo.

Es por eso que la santidad requiere renuncia. En el pasado, el sacerdote no podía entrar en el Santo Lugar sin antes pasar por el altar del sacrificio y por la vasija de bronce para purificarse. Y hoy y perpetuamente, esta es la orden para la vida de quien desea servirlo.

Obispo Macedo

bispomacedo.com.br/es/

Related Posts

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *