6º Día de la Cuarentena del Ayuno de Jesús

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El tesoro que usted tiene en el estante

Me gustaría compartir con ustedes algunas lecturas que pueden realmente cambiar su forma de pensar y de vivir. Estaba pensando en cuál debería ser el primer libro y recibí un comentario de un texto que escribí el año pasado sobre Nehemías, pidiéndome que hiciera nuevos textos sobre libros de la Biblia. Ese es un libro muy fuerte, y meditar en él abrió mis horizontes sobre Dios, sobre mí y sobre la obra de Dios.

Lamentablemente, son pocos los cristianos habituados a la lectura de los libros del Antiguo Testamento. Por culpa de muchas iglesias que predican que Jesús canceló todo lo que vino antes de Él. No pueden estar más equivocados.

Cuando Pablo le dice a Timoteo:

Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. 2 Timoteo 3:14-17

¿De qué escritura está hablando? Las “Sagradas Letras” de las cuales hablaba eran la única parte del texto sagrado que existía en la época… justamente aquella parte de la Biblia que muchos creyentes descuidan: el Antiguo Testamento. Lamentablemente muchos piensan que el Antiguo Testamento es “viejo” y que lo que vale realmente es el Nuevo Testamento. Así, crean creyentes débiles que no conocen al Dios a quien dicen servir. El Antiguo Testamento revela el carácter de Dios, Su plan para la Humanidad, y es tan Vivo, Eficaz y actual como el Nuevo Testamento. “Antiguo” y “Nuevo” aquí no quiere decir “anticuado” y “moderno”, sino que se refiere a la alianza de Dios con los hombres. La primera alianza fue hecha en la sangre de los animales, la segunda alianza, en la sangre de Jesús. Pero el segundo conjunto de libros no invalida al primero, ni lo vuelve obsoleto. Al contrario, lo confirma, lo completa y lo reaviva.

… has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús

Pablo le dice a Timoteo que la Palabra que él aprendió leyendo los libros que son tan descuidados por los cristianos hoy en día, ¡tiene el poder de volvernos sabios para la salvación por la fe en Jesús! Claro, si la fe viene por oír la Palabra de Dios, sin acceso a esa Palabra, ¿cómo mantener la fe para la salvación? Sin intimidad con el Espíritu de esa Palabra, ¿cómo desarrollar la salvación y mantenerla hasta el fin?

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto…

Aquí él afirma que esa misma Palabra es integralmente inspirada por Dios y útil para: la enseñanza; la reprensión; la corrección y la educación en la justicia. ¡Con la finalidad de hacer que el hombre de Dios sea perfecto! Tal vez, usted me diga: “¡Pero nadie es perfecto!” Dios le dijo a Abraham: “Anda en Mi presencia y sé perfecto”. Es decir, cuando andamos en la presencia de Dios, nos volvemos perfectos a Sus ojos, porque Él es perfecto. Entonces, la Palabra de Dios es integralmente inspirada por Él y puede ser usada para hacer que seamos perfectos, o sea, para hacer que andemos en Su presencia. Esa es la perfección que nos interesa.

La única manera de mantenernos en Su presencia es mantenernos en la obediencia en Su enseñanza, en la humildad para aceptar la reprensión, en la disciplina para ir hacia el camino correcto cuando somos corregidos, y también mantenernos en el aprendizaje constante de la justicia, que exige la práctica de esa misma justicia.

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra

Ah, pero la finalidad de esas cosas que alcanzamos por medio de la Palabra de Dios no es solo hacernos andar en Su presencia. Es también hacer que el hombre de Dios (y la mujer de Dios) sea enteramente preparado para toda buena obra. Porque es eso lo que hace con nosotros andar en la presencia de Dios: ¡Entonces, vea solo el tesoro que usted tiene en sus manos!

Y vea que Pablo estaba hablando solo del Antiguo Testamento… ¡imagínese hoy, que tenemos a nuestra disposición la Biblia completa! Coloque todo en ese paquete: Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para transformar completamente la vida de una persona. Por dentro y por fuera. Por saber del poder que acompaña esa Palabra, el diablo por siglos intentó impedir que ella llegara a las manos de las personas comunes, sinceras, que tenían sed de Dios. Por siglos, muchos fueron perseguidos e incluso muertos por la institución católica simplemente por traducir pasajes de la Biblia, por el sueño de convertir accesibles al pueblo las palabras de las Escrituras. Hoy, como la Biblia ya está a disposición de las personas simples, la estrategia es hacer que ellas tengan pereza de leer o no Le presten la debida atención.

Tenemos todo ese tesoro delante de nosotros, un libro que es mucho más que los 66 libros que están dentro de él. Cada versículo de cada capítulo de cada uno de esos libros se desdobla en millares, que nos dan orientaciones preciosas para absolutamente todas las áreas de nuestra vida. Sí, un tesoro capaz de habilitarnos para hacer la obra de Dios de una manera que jamás hubiéramos imaginaríamos que la podríamos hacer.

El obispo Macedo siempre dice que cuando leemos un libro, bebemos del espíritu de quien lo escribió. ¿Y cuando se trata del libro que contiene la propia Palabra de Dios, escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo? Al beber de ese Espíritu, leyendo la Biblia bajo Su orientación, alcanzamos mucho más que un mero conocimiento y sabiduría humana. Tenemos acceso a la mente del propio Dios, a Su sabiduría, a Su carácter. Y pasamos a multiplicar en esta tierra.

Por eso, a partir de hoy vea su Biblia de otra forma. Es un libro, pero bajo la orientación del Espíritu que la inspiró, es la voz del propio Dios, al alcance de sus ojos. Aprovecho la oportunidad para dejar un fragmento del texto de cierre del nuevo libro del obispo Macedo, “El Pan Nuestro para 365 días”, hablando justamente sobre cómo leer la Biblia:

Antes de abrir la Biblia, haga una oración sincera al Espíritu Santo, para que ilumine y oriente su lectura. No se apoye en sus conocimientos. Cuanto más se vacíe de usted mismo y dependa de Dios, mayor será su entendimiento, pues será orientado por el propio Autor.
Medite en cada versículo. Préstele especial atención a los verbos. Todos los verbos expresan una acción. Toda acción es importante. La puntuación también es muy importante. Por eso, la lectura debe ser pausada y analítica. Otro ítem esencial es saber el sujeto de cada acción. ¿Quién estaba hablando en ese pasaje bíblico? ¿Para quiénes estaban siendo dichas esas palabras? ¿Cuál era el tema principal?
Al encontrarse con una palabra desconocida, no interrumpa la lectura (anote la palabra y, en otra oportunidad, busque el significado en el diccionario). Cuando lo lea de nuevo, el pasaje le parecerá más claro.

Déjeme que solo agregue una cosa: sáquese de su cabeza que la lectura de la Biblia es algo difícil. Todo lo que usted piensa que es difícil termina volviéndose difícil. Todo lo que crea que es capaz de entender, será capaz de entender. No se limite y no limite al Espíritu Santo.

Obispo Macedo

bispomacedo.com.br/es/

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