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Obispo. Es con mucho pesar que escribo este relato.

Hace alrededor de 4 meses entré en la Comunidad Universal y conocí a un supuesto obrero, alguien que parecía ser muy espiritual y maduro. El mismo es ex pastor de la Universal.

Alegaba que había salido por culpa de su ex esposa, porque ella no tenía más interés en el Altar.

Al principio, pensaba mantenerlo solo como amigo, pero insistió en aproximarse, y un día fue a buscarme a la facultad. En seguida marcamos otros encuentros en shoppings, hasta que surgió un interés mutuo por ser novios. El falsario todavía tuvo el coraje de presentarse ante el pastor de mi IURD como obrero, para que fuésemos bendecidos, pero el fomentar eso fue mi maldición.

Por tener una vida dinámica, me descuidé y no fui a visitar a su familia, ni tampoco al pastor. Siempre estaba comprometida con tareas de la facultad, la pasantía o el trabajo.

A los dos meses de novios, me hizo la siguiente propuesta: “¿Cuándo tendremos nuestra primera vez juntos? ¿Por qué esperar al casamiento? Es una tontería, es innecesario…”

Me asusté, porque nunca había estado de novia con alguien de esa postura, mucho menos con un obrero que se mostró tan “espiritual”. Le contesté con aspereza. Pensaba que eso estaba pasando por el hecho de que él ya había estado casado y tenía el deseo desenfrenado; pero, incluso conociendo a mi familia, mis amigos y mi historia, siempre me tentaba.

Hasta que un día no logré resistir y me sacó lo más precioso que había guardado durante todos estos años: mi pureza.

Decía que estaba seguro de lo que quería conmigo y que por eso habíamos llegado a ese punto.

Además de eso, me despojó de una cantidad considerable de dinero, aunque eso es lo menos relevante, pues uno de mis dos primos logró recuperármelo a través de cobranzas.

El primer mes mi vida espiritual decayó.

Yo cargaba ese sueño de niña guardado durante años: de que tendría a alguien, de que aumentaría mi vida con Dios y estaríamos de acuerdo en otros aspectos. Pero vi desmoronarse todo en meses.

Al tercer mes, ya estaba distante de Dios a causa de esa relación. Descubrí que él había reactivado el Facebook y el perfil de la Comunidad Universal y que estaba engañando a otra obrera, de la misma manera como hizo conmigo al principio.

Hice un perfil “fake” (falso) para recoger algunas pruebas y conversé con esa obrera. La semana anterior, como desconfiaba, le di la oportunidad de contarme toda la verdad. Aun así mantuvo el cinismo. Inmediatamente fui hasta la Iglesia que frecuentaba y conversé con el pastor. El mismo me confirmó que él no estaba como obrero y que tampoco había salido del Altar por causa de la esposa.

¡En ese momento me sentí herida y la más miserable de las mujeres!

Salí de la iglesia desorientada; pagué un alto precio por mi caída y por haber creído en un lobo vestido de cordero. Aquella misma noche, mi corazón se llenó de una ira y de un odio que hasta hoy no logré eliminar. Necesito fuerzas para levantarme nuevamente.

¡Terminé la relación sin ni siquiera hablar con ese “poca cosa” y sin mirarlo a la cara!

¿Cómo pude haber sido tan ingenua y permitir que el diablo me sacase todo lo más precioso que poseía?

Obispo, por favor, no permita que ese ser con rasgos de psicópata, les haga mal a más mujeres de Dios.

Una semana después de que terminé, su perfil no estaba más activo en la Comunidad, pues alerté a algunos moderadores. Sin embargo, continúa activo en el Facebook.

Temo que haga más mal a mujeres de Dios.

Conocí la maldad humana de la manera más sórdida. ¡El odio en mi interior es inevitable! Si no tuviese temor a Dios, hubiese aceptado propuestas de conocidos para desaparecerlo de la faz de la Tierra.

Hoy, mi mayor lucha es evitar que llegue al punto de convertirse en un dolor permanente.

Le pido desesperadamente que no permita que este sujeto destruya la vida de nadie más.

Él hablaba de volver al Altar, pero tengo informaciones de que no está frecuentando más la iglesia del barrio, y que está yendo ahora al Cenáculo Principal en Rio de Janeiro.

Pido aun que, si usted quiere, utilice este relato en las redes y no publique su nombre, pues quiero mantener el anonimato ante la dimensión de vergüenza, dolor y disgusto.

Agradecida.

M.

 

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