Apedreados hasta la muerte

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Un acto más de intolerancia y crueldad cometido por el estado Islámico impactó al mundo.

En plena luz del día y a la vista de una multitud de personas, inclusive de niños, dos hombres, acusados de adulterio, recientemente fueron apedreados hasta la muerte en una plaza pública al este de Siria. Para los acusadores, esos hombres habían infringido la ley, por lo tanto deberían morir, como la misma lo determina.

Así también pensaron los acusadores de la mujer adúltera que fue llevada hasta Jesús para ser apedreada, como narra la Biblia:

Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Juan 8:3-5.

La situación de esa mujer era la misma en la que se encontraban esos hombres en Siria. Sin embargo, en el caso de ella, la respuesta del Señor Jesús a los acusadores los dejó aturdidos:

“Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.” Juan 8:7

“¿Cómo?” Ellos deben haberse preguntado. “Aquí no estamos tratando de nuestros pecados, sino el de ella”.

Siempre es más fácil y más cómodo tratar el pecado ajeno. Además, el error de los demás siempre salta a nuestros ojos, mientras solemos justificar nuestros propios errores y volverlos menos relevantes.

Frente a la respuesta del Señor Jesús, esos escribas y fariseos escucharon gritar a su propia consciencia, se sintieron avergonzados e intimidados por ella y, por eso, retrocedieron.

Jesús entonces, dirigiéndose a la mujer, le dijo:

Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni Yo te condeno; vete, y no peques más.Juan 8:10-11

En aquel instante, el Señor Jesús enseñó algunas importantes lecciones:

– Antes de señalar el error de los demás, debemos mirar hacia nuestros propios errores.

– No existe pecado imperdonable cuando hay un arrepentimiento sincero.

– Tal vez, usted no haya cometido el mismo pecado que la persona que usted está condenando, pero tiene otro u otros, por lo tanto, es tan pecador como ella. Y, considerando que el salario del pecado es la muerte, no importa cuál sea el de usted, la sentencia es la misma si no hay arrepentimiento.

– Ningún ser humano está apto para juzgar ni condenar a quien quiera que sea. Si el Único que puede hacerlo no lo hace, ¿por qué usted cree tener el derecho de hacerlo?

Recuerde lo que está escrito:

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. Mateo 7:1-5

Sea cual fuere su condición, el Señor Jesús está listo para perdonarlo, borrar su pasado y proporcionarle una nueva vida. Acérquese y participe de la Noche de la Salvación, que se realiza todos los miércoles, en una Universal más cercana a usted. Consulte las direcciones aquí.

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