Aún existen aquellos que no abandonan su fe, hasta el fin

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“Cristiano” es una palabra de origen griego que le da nombre al seguidor de Cristo, con el significado literal de “pequeño Cristo”, alguien que quiere seguirlo, actuar como Él. Es más que solamente ser adepto a una religión. Como Él mismo dijo:

“Entonces Jesús dijo a Sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.” (Mateo 16:24)

Esto es más que solamente ir atrás. Es abandonar lo que es y ser de otro modo, que el propio Mesías explica: “tome su cruz”. El gran ejemplo de quien cargó una cruz, y no en el sentido físico solamente, fue Él mismo. El Señor Jesús nos pide que seamos como Él. Algunos dicen que Lo siguen, pero, ¿irían hasta las últimas consecuencias por esto?

Pedro seguía a Jesús físicamente. Tuvo tres chances de probar que era también un seguidor espiritual, pero negó delante de las autoridades romanas y de los judíos subordinados a ellas a Aquel a quien personalmente llamaba Maestro, como está escrito en Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Mucho antes de Pedro, otros tres hombres pasaron por una  situación semejante en la antigua Babilonia. El rey Nabucodonosor, en Daniel 3, mandó al pueblo a adorar a sus dioses paganos. Tres cautivos judíos que gozaban de prestigio en la corte se negaron a esto, no querían abdicar de la fe en el Único Dios, lo que provocó el chisme de los envidiosos, que hicieron llegar a los oídos del gobernante que aquellos hombres no se curvaban a los ídolos ni al rey.

Nabucodonosor no aceptó la desobediencia, que se volvió pública, y quiso usar al trío como ejemplo para los demás. Llamó a los tres y les preguntó a quién adoraban, sabiendo ellos lo que les esperaba si contradecían al rey. Aun así, no negaron a Dios, y dejaron en claro que no se curvarían ante los ídolos. El monarca, furioso, mandó a encender un horno con siete veces más potencia que lo normal y a lanzar en él a los “subversivos”.

El rey de Babilonia no creía lo que veía. En vez de tres cuerpos a los gritos siendo rápidamente consumidos por las implacables llamas, vio cuatro personas, de pie, conversando en pleno fuego, como si estuviesen en un agradable living. Ni siquiera había olor a quemado en su ropa después de salir del gran horno.  Nabucodonosor, tuvo que reconocer que el Dios de aquellos hombres, llamados Sadrac, Mesac y Abed-nego, era el Señor del verdadero poder.

Ellos no le temían al fuego. Sabían que podían incluso morir, pero enfrentaron la situación. Confiaron.

Cristianos Asesinados

¿Cuántos son los que hoy se dicen ser “pequeños Cristos” y realmente lo son? ¿Cuántos estarían dispuestos a dar sus propias vidas para mostrarles a los demás que su fe es inquebrantable?

Muchos. La minoría, pero muchos. Es lo que dice la Organización  sin denominación Puertas Abiertas, que presta apoyo a los cristianos perseguidos en todo el mundo. En su informe anual, la institución reveló que 2.123 cristianos fueron asesinados en el 2013 en varios países – el doble que en el 2012. Muchos de estos asesinatos fueron cometidos por extremistas musulmanes, que no aceptan otra fe que no sea la suya. Mientras algunos seguidores del islamismo solamente llaman a los cristianos como “infieles”, otros optan por liquidarlos. Lo interesante es que el propio islamismo no predica sobre esa violencia sin sentido, realizada por los fanáticos.

En Siria, por ejemplo, escenario actual de colosales protestas, cerca de un 10% de la población es cristiana, literalmente es el blanco de rebeldes musulmanes. En la polémica Corea del Norte, la presión contra los cristianos es avasallante: hay relatos de que 50 mil a 70 mil cristianos viven en campos como prisioneros políticos, en una versión moderna de lo que el Eje hizo con los judíos en la época del Holocausto. En Egipto, las iglesias son incendiadas.

Según otros grupos cristianos de varios países, la cuenta de Puertas Abiertas subestima la realidad. El número más apropiado para los cristianos asesinados anualmente en el mundo sería de 8 mil.

¿Hasta qué punto llega su fe?

¿Hasta dónde conviene? ¿Hasta dónde es cómodo socialmente? ¿Y en el momento de tomar su cruz y seguir al Cristo original – como Él mismo hizo, muriendo en ella – si fuera necesario?

Vale pensar si nos llamamos cristianos solo cuando nos conviene.

Pedro negó a su Maestro. sin embargo, sabemos que después el apóstol se arrepintió y fue uno de los mayores divulgadores de que Jesús era el Hijo de Dios y que la Salvación solo sucedía a través de Él. Y, según consta, murió en su propia cruz más tarde. Sadrac, Mesac y Abed-Nego, de otro modo, de una afirmaron su fe y mostraron que no volverían atrás solo para agradar al rey.

¿Y su fe? ¿Es la de aquel Pedro de antes, que se escondió delante de los romanos, o la de los tres del horno de fuego?

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