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Fui obrero de Dios.
Hacía Su Obra y andaba en Sus caminos.
Estaba en la Luz de mi Señor, hasta que un día me aparté, a mis 19 años.
Quise “disfrutar la vida”, tener fama, dinero, mujeres.
En la iglesia, era un santo cordero. Afuera, un lobo.
Llegué incluso a negar mi fe delante de mis compañeros de escuela y trabajo.
Me perdí.

Vivía una vida de trasnochadas.
Conquistaba, sin embargo perdía todo.
Sentía un vacío, como un pez que se siente fuera del agua.
Yo era así.

Tuve fama, dinero, todo lo que este mundo me ofreció, pero estaba vacío, triste, amargado, solo en medio a la multitud.

En los momentos tristes, inclusive después de cometer los pecados, en mi interior lloraba, hablaba con Dios. Pero eran gritos vacíos y, a veces, hasta palabras de embriagado salían de mis labios.

El pecado me acusaba a todo instante.
Pasaba por la puerta de la iglesia, y en el momento en el que iba a entrar, el teléfono sonaba, o algún compañero del mundo pasaba.

En ese momento me desviaba de mi camino.
Dios me llamaba, me daba la chance, pero yo había puesto a este mundo en primer lugar.

Para mí, Dios era solo para los momentos de angustia y soledad.
Fue necesario que perdiera todo: fama, salud, amigos, dinero, autos, condición económica… Todo lo que había puesto en primer lugar en mi vida fue perdiéndose.

Vi a la muerte pasar a buscarme.
Vi al infierno esperándome.

Casi perdí mi vida.
El único que nunca me abandonó fue Aquel a quien yo había puesto en último lugar.
Abandonado, sin nada, sin razón de vivir, en el fondo del pozo, Jesús me Salvó.

Hoy mi vida se transformó, porque Jesús volvió a ser el primero, el Único y el número Uno de mi vida.
Llevo una vida bendecida, que vino de adentro hacia afuera.
Hoy, con lágrimas en los ojos, sé que no tengo nada.
Todo es pasajero.
¡Pero, en mi corazón, existe la certeza de que tengo todo, porque tengo al Jesús Vivo en mi corazón!

Tavares.

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¡Buenas tardes, obispo!

Leí este mensaje y pensé en cuánto sufrí por haberme apartado de la presencia de Dios.
Quedé, por unos 7 años, peor que un perro abandonado en las calles, con enfermedades, hambre, miserias y pérdidas.

1° – El diablo mató a mi hermano menor, de 33 años;
2° – Mi padre falleció con varios tipos de enfermedades;
3° – Volví a beber y a hacer todo lo que hacía antes, y un poco peor;
4° – Mi casa se estaba desmoronando: hijos, matrimonio, etc.;
5° – Tenía un vacío que no podía llenar. Lloraba por cualquier motivo, siendo que había crecido con la idea de que ‘el hombre que es hombre no llora’;
6° – Comencé a andar armado, creyendo que me protegía del diablo, llegado el caso de que él intentara usar a uno de sus hijos para matarme, pues yo lo mataría primero;
7° – Estuve 1 año en tratamiento en una clínica para locos, creyendo que estaba engañando a los médicos;
8° – Anduve en otras iglesias, pero todo era vacío – no había Dios como en la IURD;
9° – Recuerdo que mi mayor dolor era no poder hablar más con Dios como hablaba, y Él me respondía. Lloraba y Él me abrazaba. Era feliz con algo y Dios me sonreía. Era el enemigo N° 2 del diablo. Lo perseguía en las casas y familias del barrio donde era obrero. En los anexos, comenzaba las reuniones para mi pastor – en esa época no existían dos pastores en la iglesia. Hacía todo con la naturalidad de un hijo que Dios amaba. Y yo Lo amaba muchísimo;
10° – Me aparté, porque el diablo logró convencerme de que Dios no estaba conmigo debido a que mi vida económica se derrumbó;
11° – Cuando, a punto de una posible separación, mi esposa, con la cual estaba casado hacía 22 años, sufrió la rotura de un aneurisma y los médicos diagnosticaron que moriría, me llevé un susto. Sufrí, lloré, me desestabilicé, y todos hablando a mi alrededor. En mi interior, logré oír una voz suave, que me decía: “Tú sabes quién es el Único que puede curarla y salvarla del infierno, y que sabe de tu dolor de ser viudo. Vuelve y pide ayuda, pues, de ninguna manera, Él te rechazará;
12° – Volví corriendo. Hace 1 año y seis meses que volví y nunca más quiero tener esa experiencia de cómo es estar lejos de mi PAPITO eterno.

Quiero aquí AGRADECER PÚBLICAMENTE AL SEÑOR JESÚS POR HABERME ACEPTADO DE VUELTA, HABERME CURADO Y LIMPIADO TODO DE NUEVO. AHORA ESTOY EN LA FE, Y SOY CASI OBRERO NUEVAMENTE, PARA GUERREAR LA GUERRA DE MI PADRE.
HEME AQUÍ, SEÑOR.
¡ENVÍAME A MÍ!

Edson.

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Solo de pensar en cómo me sentía cuando estaba apartada de mi Dios-Padre, mis ojos se me llenan de lágrimas.

Cierto día, mi madre me contó un hecho que ocurrió con mi padre.

Cuanto yo era pequeña, 4 años más o menos, me encontré con mi padre aquí en Recife, pues él era del interior de Triunfo. En eso, jugué con él, paseamos y hasta me cargó en los brazos. Detalle, yo no sabía que era mi padre.

Estaba mi madre, él y yo – ciertamente ella me llevó para conocerlo.
Pasó el tiempo.
Mi padre falleció en Triunfo años después.
Mi ‘mamita’ vino a decirme que mi padre estaba “muerto”, el tal que yo había visto cuando era una niña.
Eso dolió, fue sufrido. Lloré mucho en el momento por recordar que jugamos, paseamos, me cargó en los brazos. Estuve tan cerca de él, sin saber que era mi padre.
Recuerdo hasta una frase que dijo: “¡Esta es mi hija!”

Hoy recuerdo y entiendo el sentido de esa frase que él dijo, pues, en esa época, escuché por ser una niña. No entendí, pero guardé todos esos momentos. ¡Fue difícil!
Triste fue después que abandoné a mi Padre Eterno (Dios).

Fue doloroso recordar que ganaba almas en el Grupo Joven, que evangelizaba afuera en la calle, que limpiaba la iglesia, que buscaba y tenía la presencia de Dios.

¡Ahh, pero yo llorabaaa!

Sentía nostalgia de cuando andaba de manos tomadas con Dios; de cuando tenía comunión con Él; de saber que a todo momento que orase, Él prontamente me atendía, me cuidaba y me cargaba en los brazos, y decía: “¡Esta es mi hija!”

Me acordaba mucho de la vida que tenía con Dios.
Cuando hacía cosas malas, me sentía como pez fuera del agua.
Tenía la impresión de que el Espíritu Santo estaba viéndome hacer las cosas que no Le agradaban.

Lo sentí con celos de mí
Lo sentí muy triste.

Recordaba: NO ENTRISTEZCÁIS AL ESPÍRITU SANTO. Efesios 4:25-32

No sé ni siquiera cómo explicar bien lo que sentía.

Fue un sufrimiento, porque lo que más me dolía era saber que estaba lejos del Dios-Padre, tamaña era mi voluntad de volver a Él.

Pero no tenía fuerzas.
Había una debilidad muy grande en mí.
Hasta que un día asumí un compromiso con Dios.
Me indigné con lo que hacía de malo delante de Él.
Pasé a tener odio y asco del pecado.

El pastor dijo: “La gloria de la segunda casa será mayor que la primera.”
Me dio una palabra de fuerza.
Fui adelante.
Dios me recibió con amor, me perdonó con Su misericordia, me limpió por la sangre de Jesús.
Sigo hasta hoy rumbo a la Salvación.
Hoy tengo todo, pues tengo a Dios.
Agradeceré eternamente todo lo que Él hizo por mí.
No existen palabras para expresar cómo estoy de agradecida a mi Gran Papá.
Vivo para vivir para mi Señor.
Este Padre, sí, yo sé que no muere. Tendré Su amor verdadero de Padre para siempre.
¡Amén!

¡Yo Te amo, mi Papá!

Edna Melo – Olinda (PE) – Jardín Atlántico.

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¡Buenas noches, obispo!

Aquí escribo un poco de mi historia.

Yo era hijo único de una familia simple y humilde, pero vivía una vida desgraciada; lleno de vicios, peleas y hasta agresión física contra mi padre.

Mis padres no tenían una buena relación.

Había muchas peleas. Hasta ocurrió una traición por parte de mi padre.

Yo, obispo, era un chico muy solitario, despreciado por mi padre y también por los parientes.
Nadie daba nada por mí.

Yo era como el patito feo de todos.
A los 12 años, comencé a probar el mundo de las bebidas y a enviciarme.
Entonces empecé a ser controlado por ellas.

Tomaba sin parar casi todos los días. Entonces comencé a tener trastorno bipolar.
Empecé a ser más agresivo, al punto de romper todo dentro de mi casa.
Hasta pensé en matar a mi padre.

Veía sombras, oía voces, tenía muchas pesadillas.
Entré también en el mundo de la pornografía.
Mi vida era un verdadero infierno. Hasta mi madre fue víctima de un trabajo de macumba hecho por su mejor amiga.

Pero, un día mi madre fue invitada por una amiga para conocer la UNIVERSAL.
Eso fue en 1999.
A partir de aquel día mi vida comenzó a cambiar.
Fui liberado del vicio de la bebida.
Mi madre y yo nos bautizamos en las aguas.
Entonces, a partir de aquel día, mi vida fue transformada, y ahí nació el deseo de hacer la Obra de DIOS.

Busqué el bautismo con el Espíritu Santo.
Fui bautizado, y en seguida fui levantado a obrero.
Hoy, gracias a DIOS, estoy firme en Su presencia.
¡Estoy casado con una gran mujer de DIOS, y puedo decir que soy muy feliz!

Jose Carlos Peres.

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