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Si todo está predestinado, ¿cómo puede uno acercarse a lo bueno y evitar lo malo?. En una provincia muy lejana, vivía una joven que provenía de una familia pobre, ella quería estudiar medicina para cambiar su calidad de vida. Un día se encontró con un adivino quien le dijo que iba aprobar tres exámenes el próximo año, que no tendría hijos y que su muerte seria natural a la edad de 53 años.

20 años después, todo lo que el adivino había dicho  se estaba haciendo realidad en la vida de aquella chica. Con todo lo que le había sucedido la joven termino creyendo que su destino seria no casarse y esperar a cumplir la edad establecida para su muerte.

Pero un día, ella conoció a un budista quien le dijo: “Usted es notable. Normalmente la gente común tiene muchas distracciones en su mente, pero usted ha meditado durante tres días sin ningún tipo de distracción“. Entonces, ella le comento al budista lo que el adivino le había dicho hace muchos años atrás. El monje se sonrió y le dijo: “Yo la había confundido con un héroe, pero usted es una persona común“.

Le dijo que el destino sólo puede limitar a las personas comunes, pero no a las personas de pensamientos grandes.

Después de este día la joven, decidió que quería cambiar el rumbo de su vida. Después de aproximadamente dos años,  había avanzado y había cambiado lo que el adivino le predijo.

Poco después, tuvo un hijo, completo sus estudios de medicina. Murió a la edad de 74 años. A los 69 años, escribió cuatro lecciones para enseñar a su hijo y explicó que, aunque el destino de uno está predestinado, este se puede cambiar no aceptándolo y tomando la actitud de cambiarlo.

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