Carta del Espíritu Santo a la Iglesia

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Pequeños errores, grandes dudas: Es así que el mal trabaja…
El usa pequeñeces para transformarlas en pecados casi imperdonables, pues queda martillando en la cabeza de su víctima en todo momento, especialmente cuando está buscando a Dios, utilizando estas palabras:
Tu no mereces el Espíritu Santo
Tu pecaste
Tu erraste
Tu fallaste
Tu te molestaste
Tu te masturbaste
Tu no aguantaste
Tú Caíste en la Carne
Tú interrumpiste un ayuno
Tú finges
Tú piensas más en tu novio (a)
Tú mentiste
Tú adulteraste

Tus pensamientos son sucios
Tu hiciste tantas cosas malas y ahora quieres dartela de santa (o)
Tu esto, tu aquello, tu, tu

Por otro lado, el Bautizador con el Espíritu Santo dice: Yo ya pagué el precio por tu libertad. Si crees en mí, tu problema ahora es mío. Tu vida es mía. Delante de mi Padre tu estás limpio, lavado y purificado por mi sangre.

¿Crees en eso? Entonces no escuches a nadie y mucho menos al diablo. Soy yo quien da el Espirítu Santo, solamente escucha mi voz y cree:
“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo” 1 Corintios 6:20
“Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres” 1 Corintios 7:23

Obispo Leandro

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