¡Comienza siempre por ti y por mi!

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“Moisés era un hombre muy humilde, más que cualquier otro hombre sobre la faz de la tierra.” (Números 12.3)

 Observa que, habitualmente, cuando se habla de ser “manso”, inmediatamente se traslada al campo negativo, asociándose a “vago”, “acomodado”, “tímido”, “perezoso”… sin embargo, “manso”, nada tiene que ver con esto, sino con “calmado”, “pacífico”… ¡en verdad, la palabra “manso”, originalmente, significa HUMILDE!

Moisés en sus primeros 40 años, fue formado en el templo del sol, era nieto de faraones, príncipe de Egipto, hasta que trató de sacar al pueblo de la esclavitud a su manera, con la fuerza de su brazo, volviéndose piedra de tropiezo, que también ocurre con quien, todavía, hace la Obra de Dios, y la hace a su manera…

¿Y qué ocurrió con Moisés? Mató a un egipcio y acabó siendo odiado por los suyos y rechazado por su pueblo. Moisés huyó de Egipto para sobrevivir… y, por ese motivo, 40 años de su vida son resumidos apenas en dos versículos en la Biblia. O sea, fue un período de una vida monótona y apagada.

Por eso, observa que en la Obra de Dios no basta tener o basarse en las buenas intenciones… tiene que ser hecho como sea Revelado, Orientado o Inspirado. La Obra de Dios tiene que ser hecha con el Brazo Fuerte de Dios y fue lo que Dios enfatizó a Moisés, repitiéndolo más de una vez, para dejarlo bien claro. “Será con Mi Brazo Fuerte…”

Sin embargo, después de su encuentro con Dios en el Sinaí, y consecuente arrepentimiento, Moisés volvió para liberar al pueblo con el Brazo y la Mano del Dios Vivo. Ahora no era más Moisés sobresaliendo, sino Dios, y observa que lo que ocurrió en 40 u 80 años en su vida, ocurrió en meses. Fue algo que marco tanto la historia de la humanidad como mi vida y tu vida. Y todo por causa de un liderazgo MANSO, HUMILDE, FIEL y OBEDIENTE.

Es necesario ser MANSO, HUMILDE, FIEL Y OBEDIENTE para liderar, en primer lugar a nosotros mismos, en segundo lugar a nuestra familia y después a la Obra de Dios. ¡LA OBRA DE DIOS COMIENZA EN MÍ Y EN TI! ¡SIENDO MANSOS PARA ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS! Y oír es escuchar, aceptar y practicar, o sea, ¡ACTUAR, si es necesario, CAMBIANDO!

¡Así deben ser los hombres y mujeres de Dios, a quienes Él confió Su Palabra y Su Espíritu!

 Fuente: juliofreitas.com

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