Cómo reaccionar ante las injusticias

Vea Quien lo entiende y le brinda apoyo cuando todo está contra usted

A nadie le gusta que lo traten injustamente. Si alguien divulga chismeríos sobre usted en el trabajo y le miente a su jefe sobre su conducta profesional, desprecia y menosprecia lo que usted hace, por ejemplo, puede ocasionarle problemas muy serios: desde hacerle perder una promoción, para la cual usted ya estaba en observación, o incluso algo peor, como ser despedido. Es normal que su primera reacción sea la de indignarse.

Esta también parece ser la respuesta inmediata cuando usted es malinterpretado por sus decisiones en el ámbito familiar: si sus hijos o su esposa, por ejemplo, no están de acuerdo con sus decisiones y lo juzgan.

Puede parecer que juzgamos y condenamos el hecho de que el hombre se indigne con situaciones similares a estas, transformándolo en el villano de la historia, pero no es así. En realidad, pretendemos que el hombre reaccione de la manera más adecuada posible cuando pase por momentos críticos como estos. Muchos hombres dirán que no pueden permanecer indiferentes ante las injusticias y otros solo reaccionarán emocionalmente, lo que, por lo general, tampoco resuelve nada. Pero ¿qué hacer y cómo solucionar el problema?

Una vez más, recurramos a la Biblia, después de todo, el Texto Sagrado nunca fue tan actual, porque él también nos ayuda a resolver las injusticias y nos muestra la postura que debemos adoptar frente a ellas. En Mateo 5:11-12, el Señor Jesús dijo: “Bienaventurados sois cuando por Mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”.

La lectura de este pasaje bíblico nos muestra que las persecuciones y las injusticias siempre existieron y siempre existirán, pero Jesús dice que nos alegremos ante ellas. No es un juego, hay una justa enseñanza. Si usted ha hecho las cosas bien, pero las personas lo juzgan y lo condenan por eso, alégrese. No se preocupe por defenderse, luchar o llorar. Tampoco se preocupe por tener a alguien que lo defienda. El Espíritu de Dios es el que defiende a los Suyos.

Además, no pierda su tiempo en juzgar a los demás y jamás les haga lo mismo que le hacen a usted. Tenga una mirada de misericordia, de compasión y de comprensión, pero eso no quiere decir que usted tenga que asumir el papel de tonto. Ore, vigile y observe si hay alguien que intenta perjudicarlo. Usted tiene todo el derecho de librarse de esas trampas y de los males que estas personas le hacen.

Por lo único que debe preocuparse es en agradar a Dios. Cuando nosotros Lo agradamos, Él toma nuestros dolores y sale en nuestra defensa.

No es necesario justificarse, defenderse o querer probarle algo a alguien. No. El Espíritu de Dios es el que hace eso. Por lo tanto, en vez de dar lugar a esta frustración en su interior y alimentar este sentimiento de injusticia, ponga su fuerza en servir más al Señor y de la mejor manera posible.

Recuerde: si nadie lo aprecia, Dios sí lo aprecia.

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