Comparaciones

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Esto sucede muy a menudo, no es que las madres lo hagan a propósito, pero en realidad esto no es saludable para ningún niño.

Cuando la madre comienza a comparar al niño con su hermano, primo o con un amigo de la escuela, sin darse cuenta está perjudicando al hijo, pues él siente que no es lo suficientemente bueno y comienza a sentirse inferior, indignado y con baja autoestima.

Los niños nunca son iguales, aunque sean de la misma edad, no tienen el mismo comportamiento ni las mismas habilidades.

A ver si estas palabras te suenan familiares:

«Tu hermano es tan bien educado, no sé a quién saliste tan malcriado; mira como tu amiguito es inteligente, a ver si aprendes y dejas de ser burro; tu prima es mucho más talentosa que tú, realmente no sé qué hacer contigo, no me ayudas en absoluto».

Frases como estas son como una puñalada en el corazón de tu hijo, comparar no mejora su comportamiento, que es tu intención, al contrario lo empeora, porque él se siente tan mal que no tiene ningún deseo de cambiar y ser mejor. Tal vez piensas que estás ayudando a tu hijo, pero le estás perjudicando.

¿Por qué no utilizar otra táctica, con palabras de amor para alentar a tu hijo a ser diferente? Elogios cuando acierta, o cuando hace algo por ti, aunque no salió perfecto, él lo intentó.

No apuntes sólo sus defectos, aprende a apreciar sus virtudes, para que sienta que es amado tal como es.

«Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten». Colosenses 3:21

Fuente:  http://taniarubimespanol.blogspot.com

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