crisis-de-fe¿Sabías que la fe puede entrar en crisis? Esta crisis de fe surge justamente cuando se deja de ejercitarla. Sin estímulos, los músculos se quedan flácidos y el cuerpo se deteriora más rápido. Así es la fe. Sin estímulos, ella se acomoda y su práctica se queda relegada a la religiosidad.

Dios ha permitido que pasemos por problemas justamente para que nuestra fe no sea un instrumento de tradición. El Espíritu Santo orientó a Sus siervos del pasado al respecto.

El hecho es que reclamamos a Dios cuando pasamos por tribulaciones. Ya sean de índole familiar, sentimental o incluso de salud… No las entendemos y rechazamos entender la forma en la que Dios está intentando conducirnos al estímulo de la fe. Parece que todo sale al revés y estamos nadando contra corriente.

La orientación Divina es clarísima en relación a ciertas situaciones en que sólo la acción continua de la fe puede garantizarnos la salvación eterna.

Sólo por la fe y, de fe en fe, es que tenemos condiciones de avanzar en la conquista y en el establecimiento de tan soñada salvación.

Nuestro adversario no descansa, ni se desanima en el objetivo de intentar arrebatarnos el bien más glorioso dado por Dios: la fe. A causa de eso, él crea de forma astuta trampas, problemas, es decir, crea situaciones difíciles intentando desviar la atención de la fe. Y, si lo consigue, es cuando entonces nos desanimamos en la fe y, consecuentemente se produce la caída.

Dios permite todo eso. ¿Por qué? ¡Justamente para que hagamos uso de la fe!

Como herramienta Divina, ella tiene poder para neutralizar todo y cualquier dardo inflamado del mal.

Pero es necesario usarla constantemente, ¡diariamente hasta la muerte!

Obispo Macedo.

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