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“Dios es Espíritu; y los que Le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que Lo adoren.” (Juan 4:24). Adorar a Dios en espíritu y en verdad significa adorarlo de manera inteligente y racional; consciente de que Él es el Único Señor digno de loor y adoración. Cuando hablamos de la fe racional, estamos refiriéndonos a la obediencia y a la práctica de la Palabra de Dios.

La fe racional presupone una verdadera conversión, una nueva naturaleza espiritual, debido a que se refiere solamente al espíritu. Por esta razón, esta ha sido la fe de los nacidos de Dios, porque solo ellos, que ya han experimentado la experiencia del nuevo nacimiento, están conscientemente sujetos al señorío del Señor Jesús.

La resurrección de la hija de Jairo es uno de los muchos ejemplos del uso de la fe racional. Al atender el clamor del principal de la sinagoga, Jesús se dirigió hacia la casa de aquel hombre para curar a la niña. Pero, aún en el camino, alguien dijo a Jairo que su hija había muerto y que ya no era necesario molestar al Señor. Oyéndolo Jesús, le respondió: No temas; cree solamente y será salva. (Lucas 8:50)

Ciertamente, esa terrible noticia inundó de miedo el corazón de Jairo – y donde hay miedo, falta fe. Al decirle “no temas”, el Señor Jesús estaba reprendiendo un sentimiento contrario a la actitud de aquel hombre, mientras estimulaba la fe racional al decirle “cree solamente”. En otras palabras, el Señor decía: “no le hagas caso a la voz del corazón engañador, mantén la fe que te trajo hacia Mí. Cree solamente, y tu hija será salva”.

Contraria a la fe racional, que se refiere a los nacidos del Espíritu, la fe emotiva nos hace recordar a los nacidos de la carne que, movidos por los sentimientos – una de sus mayores características -, escuchan e incluso les gusta la Palabra de Dios, pero no tienen estructura para practicarla. Son carnales y viven en base a la emoción. Muchos se volvieron miembros fieles del pastor de la iglesia que frecuentan, y no del cuerpo del Señor Jesús. Si ese pastor es transferido a otro lugar, ellos inmediatamente también se transfieren. Los nacidos de la carne siempre siguen los pasos del “padre en la carne”. Si tal cae en pecado, ellos también.

Lo mismo sucede con la fe. Los sentimientos humanos, oriundos del corazón, pueden neutralizar la acción de la fe inteligente y debilitar al cristiano en la guerra diaria contra la carne. Las emociones debilitan el potencial de las personas.

La fe emotiva está basada en los sentimientos pasajeros que pueden, principalmente, aflorar en el momento de una elocuente prédica o en la ejecución de un bello canto de alabanza. Sin embargo, esta fe no produce ningún fruto, y eso genera frustración y desánimo, que, con certeza llevan, a que la persona se acomode y viva una vida de mentiras dentro de las iglesias o al total alejamiento de la búsqueda del verdadero encuentro con Dios.

Por lo tanto, mi amigo, le sugiero que haga una rápida reflexión y se responda a sí mismo: ¿Cuál ha sido su fe?

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(*) Fragmento extraído del libro “Mensajes del obispo Macedo”.

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