Cuando la familia se enferma

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Cuando un miembro de la familia se enferma o tiene un episodio que afecta gravemente su salud, todo el grupo siente el impacto. Se modifican costumbres, rutinas, horarios y hasta las horas de descanso.

Esos desajustes pueden provocar que otro integrante de la familia también se enferme, debido a que los niveles de estrés generan una baja en las defensas y aumentan el riesgo de padecer algún trastorno en la salud.

Un informe elaborado por la Universidad Autónoma de México (UNAM), advierte sobre estas consecuencias: “La eclosión de la enfermedad en la familia genera una serie de desajustes en la manera de convivir y funcionar por parte de sus miembros. En función de este proceso se generan una serie de respuestas adaptativas que pueden ser funcionales o disfuncionales, que pueden llevar a mayor estrés en la familia y a una crisis todavía más severa”, afirma el doctor Miguel Ángel Fernández Ortega, Jefe del departamento de Medicina Familiar de la Facultad de Medicina de la UNAM.

En ciertas ocasiones se da un efecto dominó, en el que después de que un integrante de la familia se enferma lo siguen otros, con diferentes patologías, y toda la situación se vuelve caótica. Todo el grupo familiar entra en una espiral descendente de sufrimiento que parece no tener fin.

“Estaba cansada de tantas enfermedades”

salud02933Alicia Domínguez cuenta cómo logró la sanidad total: “Nací con problemas respiratorios, luego mi madre se enfermó de cáncer. Hizo el tratamiento durante 10 años pero falleció, entonces tuve que asumir el rol de madre en mi casa. A los 20 años conocí a mi esposo y nos casamos, pero las peleas no tardaron en aparecer porque el dinero no alcanzaba y, cuando tuve a mi hija, él me reprochaba porque decía que no le dedicaba tiempo.

Durante años aparentamos estar bien como pareja, un día a mi marido le dio un ACV y quedó postrado en cama. Nuestros ingresos se redujeron considerablemente. Lo acompañé mientras hacía el tratamiento de rehabilitación porque no caminaba, había perdido el habla, hasta se había olvidado su propio nombre. Fueron dos años de mucha perseverancia.

A su vez yo tenía miomas en los ovarios, me daban hemorragias terribles. En ese momento no tenía cabeza para cuidarme, vivía enfocada en la recuperación de mi esposo y el cuidado de mi hija. Tenía la panza inflamada, parecía un embarazo, los dolores eran terribles y las hemorragias no cesaban. Ante tanto sufrimiento intenté matarme porque no encontraba una solución, mi marido seguía igual, yo estaba enferma y mi hija tenía una anemia tan severa que si se sonaba la nariz, comenzaba con hemorragia nasal.

Recibí un diario de la iglesia y vi que había un testimonio de un hombre que había sido sanado, entonces supe que mi esposo podría ser sanado también. Me acerqué a la iglesia y comencé a participar de las reuniones. Me costó, pero luché contra la duda para recibir la respuesta a mis pedidos. Empecé a notar que mi marido se sentaba solo y que tomaba con su mano la lapicera para escribir unas líneas, así fui viendo la mano de Dios obrando. Hoy mi marido está recuperado, yo estoy curada y mi hija también”.

Martes a las 7 am, 10 am, 12 m, 3 pm y principalmente a las 7 pm en el Bulevard de Sabana Grande diagonal a la estación del metro Chacaíto o en la Universal más próxima a su casa.

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