De hijos a padres: En el «piloto automático»

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Una noticia reciente me llamo la atención, trayendome un «choque» por las circunstancias que la envolvían:

Un padre se olvidó de su hija en el carro, que acabó por sucumbir. Y por increíble que parezca, ¡el episodio no es aislado! Muchos otros casos ya han sucedido y continúan sucediendo… Por ejemplo en los EUA, un niño es olvidado en el vehículo cada 9 días.

Muchos dirán: “¡¿Qué horror, cómo es esto posible?!” Como yo misma pensé… Pero en realidad es que vivimos en una época de “piloto automático” en que cada uno vive para si mismo, atareado con muchas responsabilidades, andando de un lado a otro, casi instantáneamente, sin pensar, razonar y evaluar las consecuencias de sus actos.

¿Ya te ha ocurrido cruzar una calle sin mirar, y ser casi atropellada por un carro? ¿Qué pensaste?

“Tengo que tener más cuidado:¡no puedo continuar en este ritmo!”

Pero ¿realmente has desacelerado y ponderado lo cuan valiosa es tu vida y la de los demás? El ritmo frenético que la sociedad actual se ha vuelto, no apenas ha sido la influencia de la falta de atención de los padres con sus hijos, o en la destrucción de matrimonios por la “falta de tiempo”, sino que ha atingido contornos asustadores, graves y fatales, como lo que nos referimos encima.

En realidad, las prioridades han sido “cambiadas” – aunque inadvertidamente – ¡poniendo “cosas”, como bienes y trabajo delante de Dios, de familia… de la vida! Y esto es el resultado de tamaña falta de vigilancia y negligencia con los verdaderos valores, que aprendemos como primordiales, pero que han sido olvidaos y desvalorados.

No dejes de interceder por ti y por los tuyos, porque mucho puede, por su eficacia, la súplica del justo, pero aliado a eso, estate vigilante, atento, para que permanezcas libre de “trampas”.

Debes saber que tu alma tiene un alto precio que el Señor Jesús pagó en la cruz del calvario, y el diablo, percibiendo la forma en que tantas veces “facilitamos” las cosas, aprovecha esas “debilidades” para promover la destrucción, provocando el caos interior a través de los traumas, dolores internos insoportables y tantas otras pérdidas, que no siendo frenadas, se pueden volver irreversibles… sobre todo para nuestra alma.

“ Sed de espíritu sobrio, estad alerta. Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar.” (1Pedro 5:8)

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