De hijos para padres: (Des)obediencia

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Últimamente me he deparado con la palabra “obediencia” en varios ámbitos de mi cotidianidad: Sea en una atención, en un mensaje de fortalecimiento interior, y por encima de todo a través de la Palabra de Dios.

Todos los mandamientos y preceptos dependen exclusivamente de la práctica de los mismos. ¡Y esto se llama OBEDIENCIA!

La ley se hace nula cuando no hay obediencia. Y dentro de nuestra casa, ¿de qué forma se mantiene el respeto y la armonía, sino a través de la práctica de la misma?

Más que vivir sometido a algo o a alguien, la obediencia es sinónimo de respeto y consideración para con el propio individuo que pasa a reflejarse en la relación con los demás.

¿Ya has visto aquella escena en la que el hijo hace un “berrinche” en el supermercado, exigiéndoles a los padres que le compren algo? Y por más que los padres, ya avergonzados, intentan hacerlo razonar – incluso bajo amenazas – ¿el niño no cede?

Y a lo largo de la vida, escenas como esta se repiten, en otros ámbitos, ¿de qué sirve que los hijos digan que aman a sus padres y los llenen de palabras bonitas, si no practican lo que les han enseñado?

Hay una responsabilidad inherente a cada progenitor: la educación de sus hijos. Pero más que proporcionarles las condiciones académicas, debemos, fundamentalmente, proveerles enseñanza morar y práctica, que formarán su carácter y le darán bases interiores, sólidas, para construir su futuro. ¿Sabías que era exactamente de esta forma que los mandamientos de Dios eran transmitidos de generación en generación? La enseñanza no era solo una actividad aislada en un período determinado del día sino una instrucción activa y constante, asociada a todas las actividades diarias. Por eso vemos tantas referencias a los “héroes de la fe”, como Abraham, Isaac e Israel, que no solo con su ejemplo, sino, sobre todo, a través de su OBEDIENCIA, se transformaron en verdaderos cuadros y ejemplos para las generaciones venideras, ¡inclusive la nuestra!

¿Cuál es el padre o madre al que no le gustaría ser referencia para sus hijos? Pero este “galardón” no viene apenas por incitarlos a estudiar bastante para terminar un curso, tener una profesión, una casa bonita y un auto grande… la mayor herencia que podemos dejarles a nuestros hijos es la Palabra de Dios, que sustenta y suple cualquier necesidad, y además les garantiza una vida perpetua.

Si nosotros, educadores, somos obedientes a Dios, y a través de esta obediencia cultivamos el temor todo el tiempo, esto nos será algo natural, y los hijos no solo seguirán este ejemplo, sino que cosecharán, igualmente, los frutos de esta OBEDIENCIA!

¿Sabes?… el ser humano tiene el “don” de complicar. Pero hay una única cosa que, cuando la practicamos, hace toda la diferencia en nuestra vida, casa y familia: ¡La OBEDIENCIA a la Palabra de Dios!

“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas” (Deuteronomio 6:6-9)

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