De madre para madre : La verdadera responsabilidad

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Desde el parto nos sentimos responsables de nuestros hijos, de nosotras sale el alimento para ellos, el regazo que los calma, el ritmo cardiaco que oyeron desde los primeros minutos de vida, el calor, el olor, todo en nosotras les sirve a ellos, haciendo que este vínculo sea aún más fuerte.

Los hijos van creciendo, conquistando independencia, y ya no son tan dependientes de nosotras para sobrevivir, la responsabilidad así cambia, ahora tenemos que proveer ropa, zapatos, estudios, etc.… Incluso cuando son adultos y estén casados, también tendremos que hacer nuestra parte, una dedicación sin fin.

Sin embargo, ¿estamos enfocadas en nuestra “verdadera responsabilidad”?

Todo lo que cité arriba es necesario, hace parte de nuestra responsabilidad, y la mayoría de las madres creen que esto es lo que Dios espera de ellas como buenas madres; esto es ser una madre natural; sin embargo, esta no es nuestra “verdadera responsabilidad”, ¿sabias esto?

Nosotras como madres tenemos una responsabilidad mayor y más seria, que es la de ser guardianas del alma de nuestros hijos, y esta si, debe ser nuestra mayor preocupación, porque además de ser un tema muy serio, es una lucha constante, una lucha en contra del diablo que también desea el alma de ellos.

Cuando decidimos traer al mundo un hijo, dejamos de ser responsables solo de nuestra salvación, empezando a luchar por nosotras y por ellos.

Infelizmente es algo de lo que nadie se da cuenta, pero Dios confió en que nosotras luchemos por ellos, que plantemos en ellos la simiente de la Fe, que los instruyamos de acuerdo con Su Palabra, y los enseñemos a obedecerlo. Sin embargo, a lucha por la Salvación de su alma nos cabe a nosotras trabarla; ayunar, sacrificar, buscar con ellos la Presencia de Dios, e incluso después de que hayan sido bautizados con el Espíritu Santo, permanecer en esta Fe.

Es decir, cuidaremos de este crecimiento espiritual de nuestros hijos, lucharemos para que el alma de ellos sea salva, no solamente hasta que ellos reciban el Espíritu Santo, sino hasta el fin de nuestros días o de los días de ellos.

Ser una madre de fe es asumir tu responsabilidad de ser guardiana eterna del alma de tu hijo.

Viviane Freitas

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