Del Tráfico al Altar

rafaelmoura

Crecí viendo a mi padre llegar borracho y pelear con todos en mi casa, a causa de eso, me gustaba estar más en la calle que en mi casa, pues toda esa situación me dejaba muy enojado. Las discusiones eran una rutina en mi familia desde que era pequeño.

Aun sabiendo los efectos devastadores del consumo del alcohol, a los 12 años probé la bebida por primera vez. Fui creciendo con una indignación en mi interior. Me sentía feliz en la calle y me imaginaba cómo sería al llegar a casa, pues sabía que iba a presenciar discusiones y peleas. Aun viendo el trastorno que la bebida le traía a mi casa, decidí tomar también.

El deseo de vivir experiencias más fuertes, hizo que migrara de la bebida a las drogas. Comencé consumiendo marihuana, pero cuando la marihuana no me proporcionó más el efecto esperado, pasé a consumir cocaína. A partir de entonces, comencé a hundirme en el mundo del crimen.

El niño que antes presenciaba las peleas de sus padres pasó a ser la razón de las discordias en su casa. Y el odio solo aumentaba. ¡Llegué a tener ganas de matar a mi propio padre! Apunté el arma hacia él pero no se disparó.

Mi ascenso en el submundo fue muy rápido. Aún siendo adolescente comandé un punto de ventas de drogas en el barrio donde vivía. Poseía diversas armas y el armario era el escondite del arsenal. ¡Eso me hacía sentir poderoso! Pero cuando me acostaba para dormir, los complejo afloraban. Vivía el dilema de ser respetado por el poder que tenía y la frustración por no ser aceptado como me hubiera gustado.

Sufrí un intento de asesinato por parte de un traficante rival, pero el arma no disparó y logré escapar ileso. En otro momento, cinco hombres se me acercaron para ponerle fin a mi vida y a la de un compañero. Los marginales no nos vieron, aun estando uno enfrente del otro. ¡Allí vi la mano de Dios protegiéndome! Mi madre ya buscaba por mí en la iglesia, pero ni siquiera así me rendí.

Mi vida sentimental también era bastante problemática, no lograba que resultara bien con nadie y sufría mucho con eso.

Los años pasaban y nada cambiaba en mi vida. Vi morir a muchos compañeros, pero aun así, no cambiaba mi conducta.

Hasta que un día decidí ir a la Universal. Llegué drogado, sin perspectivas. Para mí, yo no tenía más solución. Sin profesión, me vi amargado y desacreditado. No veía salida para mi propia vida.
Pero en la Universal recibí un trato diferente. Las personas me atendían bien, me respetaban, demostraban creer en mi potencial.

A partir de entonces comencé a dar mis primeros pasos en dirección a Dios. De repente, me vi con asco de las drogas y buscando ardientemente el encuentro con Dios. Y cuando tuve ese encuentro, comencé a vivir una nueva vida. Me liberé definitivamente de las drogas, de la delincuencia, fui libre de los complejos, del resentimiento y me convertí en un nuevo hombre. Hoy tengo una vida transformada, estoy casado, soy pastor de la Universal, y ayudo a las personas que están como un día yo estuve, a fin de que se liberen y tengan la oportunidad de una nueva vida.

Rafael Moura

Fuente: bispomacedo.com.br

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