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Ahora está turbada Mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto He llegado a esta hora. Juan 12:27

Estas horas vividas por el Señor Jesús no fueron fáciles, pero Él soportó todo sabiendo que el Padre tenía un propósito.

Hay momentos en los que pasamos por situaciones en las que otros preguntarían: «¿Existirá Dios?»
Sin embargo, es la vida en el Altar lo que nos sustenta en esos momentos.

Vea que José llegó a ser vendido como esclavo, pero existía el propósito de la conservación de la vida a través de él.

Ester fue arrancada de la casa de su primo y llevada al palacio, pero existía el propósito de salvar a los judíos del exterminio.

¿Quién no se acuerda de la prisión del obispo Macedo, en el año 1992?
En ese momento, el obispo dijo que no entendía, pero que tenía la certeza de que era para el bien de la obra – era un propósito de Dios.
Es notorio cómo el trabajo de la Universal creció después de ese acontecimiento.

Dios es Dios de propósitos.
Por eso Él permite determinadas situaciones, para que, a través de ellas, Su Poder se manifieste de una manera extraordinaria.
El secreto es mantenernos en el Altar.

Fuente: bispomacedo.com.br

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