Dos historias, un conflicto

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Todos tenemos por lo menos dos historias dentro de nosotros. Una con un final feliz, otra con un futuro desastroso. El bien y el mal. La fe y la duda. El amor y la soledad. La salud y la enfermedad. Siempre deseando una, pero temiendo la otra.

Había un hombre llamado Jacob que vivió este conflicto durante casi toda su vida. Desde el vientre de su madre ya había recibido una promesa de Dios garantizando un futuro bendecido, en el que él sería el líder de su tribu en lugar de su padre Isaac. A lo largo de los años, sin embargo, la realidad fue distanciándose de la promesa.

Su hermano gemelo, Esaú, era quien tenía todas las características de un líder nato. Cazador, fuerte, valiente. Jacob, por su parte, tenía una naturaleza más tranquila, más casera. Eso hizo que su padre tratase al hermano con favoritismo.

Dos historias guerreaban dentro de Jacob. Una decía que él sería grande, bendecido, feliz. La otra, la realidad, lo mostraba como un hombre débil, desaprobado por el padre, a la sombra del hermano, inseguro de sí mismo.

El gran descubrimiento de Jacob fue que él podía elegir la historia de su vida. A través de una lucha con Dios, él cambió todo a su respecto, incluso su propio nombre.

Usted también tiene dos historias en su interior. Quizás se sienta rehén de la que termina mal y muy distante de la que verdaderamente le gustaría protagonizar.

No tengo dudas acerca de cuál es la que usted quiere elegir. La única cuestión es si está dispuesto a luchar con Dios para hacer que se cumpla en su vida.

Obispo Renato Cardoso

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