Duda: el principal enemigo de la fe

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Estoy seguro de que el único camino que se debe tomar para contraponer al diablo y destruirlo de nuestra vida es resistir a todas las dudas que quizás estén en el corazón promoviendo sentimientos falsos y engañadores. Estos sentimientos no son gratuitos. Existen espíritus inmundos que toman posesión y controlan los corazones de las personas que aún no tuvieron un verdadero encuentro con el Señor Jesús, engañando sus sentidos y arruinando sus vidas. En el caso de los cristianos, estos espíritus también pueden sembrar la duda promoviendo la incertidumbre y la debilidad, sin embargo, el Espíritu Santo da las condiciones para que resistan y sean vencedores.

Es posible, por ejemplo, que mi corazón, engañado, no me deje creer totalmente que estoy curado por los pasos del Señor Jesús, aunque por la razón, en mi mente, yo esté de acuerdo con esto. Puedo, a través de la Palabra de Dios, convencerme de esta verdad, pero en el fondo del corazón, cultivar la duda acerca de lo que leí o aprendí. ¿Qué debo hacer?

Para resistir al sentimiento de duda que existe en mi corazón, debo tomar actitudes que contradigan a los sentimientos engañosos del mismo. Debo aprender a contrariar, literalmente, a los sentimientos del corazón con el fin de que mi fe sea ejercitada y puesta en acción. Si el corazón me dice algo que produzca dudas en relación a mi fe, entonces, debo resistir a las dudas y actuar por la fe. Si me acostumbro a tomar actitudes contrarias a las dudas, a los miedos o a cualquier otro sentimiento proveniente del corazón, contrarios a la Palabra de Dios, entonces, me estaré acostumbrando a vivir por la fe.

Es muy fácil ponerse en el lugar del “amigo de Job” y decirle a una persona que está sufriendo: “tenga fe en Dios”. Para quien está sintiendo el dolor, no siempre es fácil vencer los sentimientos de miedo, que es el hijo de la duda, y que se afirma con tanta fuerza en el corazón.

Se puede dar un paso de fe, actuando opuestamente a lo que se siente, siguiendo solo la orientación de la Palabra. Cuando Dios ve ese esfuerzo sobrenatural de la persona de vencer la duda, entonces, Él llena su corazón de fe, fortaleciéndola para que pueda conquistar las victorias.

La duda es tan importante para el diablo como la fe lo es para Dios, y nuestro enemigo sabe muy bien esto. En la tentación del Señor Jesús, la primera actitud diabólica fue intentar poner dudas en Su corazón. La primera de ellas se refería a la filiación Divina: “Si eres Hijo de Dios…”. La segunda fue en relación a la autoridad y al dominio de Dios sobre el mundo: “A Ti Te daré toda esta potestad”, y la tercera, sobre el propio poder del Señor Jesús: “Si eres Hijo de Dios, échate aquí abajo…” (Lucas 4:1-13).

El diablo ha puesto dudas en el corazón y en la mente de las personas con el fin de alejarlas de Dios. Es interesante el hecho de que, aun delante de las evidencias, hay personas que dudan y atribuyan las bendiciones y los milagros a condiciones que llegan a ser absurdas.

Por otro lado, el verdadero cristiano, lleno de fe y de confianza en Dios, cree sin necesidad de evidencias. Y esto significa volverse como un niño, porque ellos, en la pureza de su fe, están aptos para heredar el Reino de Dios.

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