El Domingo de la Purificación

El mes de agosto comenzó con el Ayuno de Daniel, un propósito que ha llevado a muchas personas a sumergirse en la Palabra de Dios, mientras se abstienen de informaciones seculares y entretenimientos, para enfocarse en recibir al Espíritu Santo. Otra propuesta para los días del Ayuno del Corazón fue evaluarse a uno mismo y también evaluar las propias reacciones, que muchas veces están basadas en los sentimientos. Cuando una persona tiene el deseo de conocer a Dios, muestra que Él es más importante que todo, al renunciar a una vida destinada a los propios deseos y al sacrificarla. De esta manera, la persona se vuelve apta para recibirlo.

El cierre del Ayuno de Daniel, el 21 de agosto, será dirigido en base a estos principios. El domingo 22, se ministrará el derramamiento del Espíritu Santo desde el Monte Hermón, como lo explicó el obispo Edir Macedo recientemente: “Las personas que están haciendo el Ayuno de Daniel, o el Ayuno del Corazón, están yendo al encuentro del Señor que bautiza con el Espíritu Santo, que es el Señor Jesús. El domingo 22, en todas las Universal, purificaremos a las personas con el hisopo; rociaremos el agua, que representa a Jesús, la purificación y al Espíritu Santo. Estaremos en el Monte Hermón y haremos la oración por todo el pueblo que desea vivir en la justicia y seguirla”, afirmó. Es importante observar que, así como está registrado en la Palabra de Dios, el Monte Hermón es el lugar donde el Altísimo determina la bendición y la Vida Eterna (Salmos 133).

En lo secreto

En su mensaje, el obispo incluso mencionó lecciones valiosas que se encuentran en el Salmo 51, escritas por el rey David. Hay que resaltar que David, a pesar de haber sido un ser humano, fue considerado un hombre según el corazón de Dios por el propio Dios (Hechos 13:22). “He aquí, Tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido.” Salmos 51:6-8.

El obispo reflexionó que David sabía que Dios no solo ama la verdad, sino que anhela que ella esté en lo más profundo del ser humano. Muchas personas en las iglesias son “religiosas, asiduas y buenas”, pero no tienen sed ni hambre de justicia. “En cambio, hay otras personas que no conocen la Palabra de Dios, pero desean vivir en la justicia. Para ellas, Dios se revela en lo secreto. Él se revela a aquellas que tienen una intención pura”, enfatizó.

¿Por qué el hisopo?

El hisopo es “una planta del Oriente con la que se hacía un bulto, como una brocha para pintar la pared. Ese bulto de hisopo se usaba en la aspersión con agua sobre los objetos del templo y para consagrar cada espacio que había tanto en el Tabernáculo como en el Templo de Salomón. Todo era debidamente consagrado y purificado con hisopo. Ese objeto representaba a Jesús”, añadió el obispo.

Júbilo y alegría

El obispo explicó que David “debía estar en llanto, con el corazón abatido por ofender a su Eterno Padre. Solo Dios podía darle júbilo y alegría. Eso también sucede actualmente: solo el Espíritu Santo puede proporcionar júbilo, alegría y gozo. Las fiestas, las comidas, las riquezas y las lujurias de este mundo no pueden hacer a una persona gozosa y feliz, solo el Espíritu Santo puede hacerlo”. En realidad, nada en este mundo se compara con la experiencia de recibir al Espíritu Santo. “La persona se vuelve verdaderamente feliz, porque el Espíritu de la felicidad, el Espíritu de Dios, está dentro de ella”, finalizó el obispo.

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