El ejemplo de siervo

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Respondiendo su Señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Mateo 25:26

Estaba meditando en este versículo y pensando: ¿Por qué ese siervo no multiplicó su talento? ¿Por qué los demás pudieron y él no? Fue cuando noté lo que Jesús dijo: «Siervo malo». Él no era solo negligente, también era MALO.

¿Cómo podría salvar a otros si él mismo estaba perdido? Muchos han tenido un MAL comportamiento, han sido un MAL marido, una MALA esposa, un MAL hijo, un MAL empleado, un MAL jefe, un MAL estudiante, un MALeducado. Y, ¿cómo alguien así puede convencer a otro de que Jesús es bueno?

Creo que aquí reside uno de los grandes fracasos de muchos cristianos, el MAL ejemplo ha impedido que las personas quieran buscar a Dios, inclusive sus propios familiares.

Si queremos salvar, tenemos que mostrar por qué vale la pena seguir a Jesús, tenemos que mostrar cuán bueno es eso, tenemos que exhalar el BUEN perfume de Cristo.

Es entonces que entra nuestro testimonio personal, pues las personas que nos rodean saben quiénes éramos antes de Cristo y quiénes somos después de Él, y eso nos hace multiplicar nuestros talentos.

Tenemos que ser un BUEN ejemplo para todos, pues nuestro ejemplo habla más que nuestras palabras. ¿A quién no le gusta lo que es bueno? Todos quieren tener un BUEN marido, un BUEN padre, un BUEN empleado, una BUENA esposa, un BUEN hijo, en fin, a todos les gusta y quieren tener lo que es BUENO.

Los dos primeros siervos fueron llamados BUENOS. Ellos tenían un BUEN testimonio, tanto para los que afuera como para el Propio Jesús.

Ante esto, queda la pregunta: ¿Cómo nos han visto Dios y aquellos nos rodean? ¿Como BUENOS o MALOS siervos?

Fuente: bispomacedo.com.br/es

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