El elogio no siempre es bueno

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¿Quién no ha elogiado a un niño por sus cualidades? En un primer momento tendemos a pensar que eso aumentará su autoestima y que lo ayudará para vencer en la vida.

No siempre.

Una investigación realizada en la Universidad de Utrecht, Holanda, mostró un resultado intrigante: elogiar a un niño por sus cualidades puede hacerlo más decepcionado consigo mismo en el caso de fallar. Según los científicos, es mejor elogiarlos por sus esfuerzos. De esa forma, no solo siente que una victoria tiene un precio – la dedicación –, sino que además tenderá mucho menos a la soberbia.

“Elogiar por las cualidades ‘puede salir por la culata’”, dice Eddie Brummelman, el autor del estudio, publicado en el Periódico de Psicología Experimental, informativo de la Asociación Americana de Psicología (APA, sigla en inglés). “Los adultos pueden creer que elogiar a un niño por sus cualidades inherentes, ayuda a combatir la baja autoestima, pero eso puede llevarlos a creer que solo tienen valor cuando tienen éxito. Cuando fallan, tienden a pensar que son indignos”, destaca Brummelman.

En los estudios de la universidad holandesa, los niños con buena autoestima son más elogiados por sus esfuerzos, y solo reciben la mitad de los elogios que los que dan los padres de pequeños con baja autoestima.

La dependencia de elogios también causa estragos cuando no se dan cuenta, en el caso de niños con baja autoestima, que necesitan escuchar todo el tiempo lo espectaculares que son – los elogios no siempre son verdaderos por parte de esta clase de padres. El hijo tiende a “creerse que es algo más”, en lugar de dedicar realmente su esfuerzo e intentar hacer algo bien hecho.

 

La estrategia de elogiar el esfuerzo puede ser aplicada en la mayoría de los países occidentales, según Brummelman. Elogiar a la persona o a su dedicación pueden presentar diferencias sutiles al principio, pero los resultados en la autoestima a largo plazo son significativos, explica Brad Bushman, de la Universidad del Estado de Ohio, Estados Unidos, co-autor del estudio. “En general, es mejor elogiar el comportamiento, no al individuo”, considera. De esa forma, en el caso de que falle, el pequeño no se va a convencer de que es un perdedor.

Para los investigadores, los niños elogiados por sus esfuerzos tienden a no asociar su autoestima a los éxitos. Ellos ven el acto de perder como un revés temporario, no lo ven como una falla en su carácter. Sienten que pueden hacerlo bien la próxima vez, pero que, para eso necesitan dedicarse más.

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