El error de Eva

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Son muchas las veces que fallamos en nuestra prueba como madre, esposa e, incluso, como amiga y no sabemos el por qué. Sin encontrar la respuesta, culpamos a todo y a todos y a veces, hasta a Dios. Pero, ¿qué tal si miramos ahora hacia el ejemplo de las mujeres de Dios? ¿Por qué ellas nos inspiran? ¿Cuál es el secreto de esas mujeres que encontramos en la Biblia y en nuestra vida? ¿Qué tienen de especial que hace que sean tan bien recordadas y honradas? ¿Sabías que la mujer tiene el poder de colocar al hombre en lo más alto, pero también, de lanzarlo en el pozo más profundo? ¿Qué poder es éste?

Cuando consideramos a Eva, tenemos un ejemplo clásico de ese poder de acción. Ella influyó en su marido de tal manera que él fue capaz de desobedecer al Propio Creador. Su actitud hizo que el pecado entrase en el mundo. Desde entonces, existen mujeres y mujeres — las que inspiran y las que traen vergüenza. Vamos a meditar en la vida de Eva y a descubrir, de una vez por todas, qué es lo que nos hace capaces de causar tantos problemas. Realmente, Eva era perfecta y muy hermosa. En su vida, encontró a un hombre perfecto que la amaba y ambos vivían en un paraíso más allá de la imaginación. Eva era más feliz de lo que cualquier mujer podría desear ser, pues no tenía malos recuerdos, no tenía un pasado, nunca había derramado lágrimas de decepción, no estaba enferma o con dolores; en fin, no le faltaba nada. Su vida se resumía en vivir de lo bueno y de lo mejor al lado de su marido. Sin embargo, cierto día, cuando Eva paseaba sola, una serpiente, sutilmente se aproximó a ella e intentó inducirla a creer en una mentira. Al principio, Eva rechazó lo que la serpiente le decía y permaneció firme en lo que sabía que era correcto.

Sin embargo, tan pronto como la serpiente le ofreció la habilidad de descubrir lo que, hasta entonces, le era desconocido, Eva rápidamente aceptó la sugerencia y comió del fruto del árbol prohibido. Confió en la serpiente no porque fuese mala o porque quisiera ir en contra de Dios, sino porque era una mujer ingenua e inocente que creía que aquella era la oportunidad para realizarse. Y, con su inocencia, indujo a su marido a hacer lo mismo, pensando que le estaba haciendo un favor. Debido a un simple, pero terrible mal entendido, trajo el mal para su vida, para la vida de su marido, para la vida de sus hijos y para todas nosotras. La Biblia dice: “El simple todo lo cree, pero el prudente mira bien sus pasos” (Proverbios 14:15). En otras palabras, la mujer puede ser de Dios, pero si es ingenua podrá ser usada por el diablo, así como las personas que le pertenecen. A través de sus palabras y actitudes, causará la separación de la propia familia, traumas en sus hijos, disgustos para su marido y malos recuerdos para todos sus amigos. Dios dice: “¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza…?” (Proverbios 1:22).

Sabiduría es saber cómo hablar y lidiar con aquellos que están cerca de nosotros. Ella se encuentra cuando la buscamos de todo nuestro corazón, como nos prometió Dios en el libro de Proverbios. Muchas mujeres piensan que ya lo saben todo y por eso nunca alcanzan la sabiduría. Solamente aquellas que realmente sienten la necesidad de tenerla, la encontrarán. Si humildemente pides a Dios sabiduría y la buscas de todo tu corazón, estando preparada para cambiar tu forma de ser, sin importarte tu pasado o cultura, Dios, alegremente, te concederá Su sabiduría. De esta forma, también serás una mujer que inspirarás y serás honrada por todos aquellos que tengan el privilegio de conocerte.

La habilidad que tenemos para cambiar la vida de un hombre se revela con claridad por el apóstol Pedro cuando dice: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, de modo que si algunos de ellos son desobedientes a palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres, al observar vuestra conducta casta y respetuosa.” 1 Pedro 3:1,2

¿Consigues ahora imaginar el poder que tiene la mujer? Es interesante observar que Dios no menciona esa habilidad en el hombre. Nosotras, mujeres podemos hasta ser los “vasos más frágiles”, pero con seguridad, ¡somos vasos verdaderamente importantes!

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