El Espíritu de la promesa

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Al darnos Su Espíritu, Dios desea que tengamos Su visión y Su mismo entendimiento en Sus propósitos para que juntos formemos una sociedad que reconstruya Su Reino aquí en la Tierra.

Cuando Jesús en Sus oraciones dijo: “Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Venga Tu reino…”, en realidad, deseaba el establecimiento del reino de Dios en este mundo.

El deseo de Dios es que nosotros, Sus hijos, formemos Su reino aquí en el mundo, para que las personas que nos conocen, Lo vean a través de nosotros.

Al derramar el Espíritu Santo sobre nosotros, y sellarnos con Él, en realidad forma en nosotros un cuerpo espiritual, con ojos, boca, oídos, corazón y entendimiento espiritual. Ese cuerpo espiritual, que el Espíritu Santo nos concede, es lo que nos hace oír con los oídos de Dios y entender con Su entendimiento.

Ese cuerpo nos hace tener ojos espirituales de manera que podamos ver como Jesús veía. El profeta Joel dijo: “Y después de esto derramaré Mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones” (Joel 2:28). Esa es la visión que Dios quiere que tengamos – la visión de las cosas magníficas que Él mismo tiene.

Solamente cuando vemos las cosas de esa manera, de acuerdo con el entendimiento de Dios, conquistamos la victoria, y alcanzamos nuestros objetivos. Cuando nuestro Padre celestial derrama sobre nosotros Su Espíritu, tenemos la capacidad de ver lo invisible y entender lo que un ser humano normal no entiende.

Estando Jesús en el templo, una mujer le fue traída por los escribas y fariseos, sorprendida en flagrante adulterio. Y dijo el Maestro: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.” (Juan 8:7)

Esa mujer flagrada en adulterio. Esos hombres estaban reclamándole a Jesús el cumplimiento de la Ley. Estaban viendo con los ojos de la carne y no con los ojos espirituales. Viviendo en el espíritu, Jesús veía a esa mujer con los ojos espirituales, inmediatamente, podía contemplarla, pura y sin pecados.

Los ojos espirituales nos dan la visión que los seres humanos comunes no tienen. El mundo necesita recibir ese Espíritu, pero no Lo aceptan, por eso, las personas son enemigas de Dios.

Si usted no quiere estar en la lista como un enemigo de Dios y desea dejar de lado al mundo, necesita recibir el Espíritu de la promesa, el Espíritu Santo, el Espíritu que hace que usted tenga la visión de las cosas de Dios.

Existen personas que saben eso, pero viven desinteresadas de las cosas divinas, porque conocen la Palabra, teóricamente, y no buscan practicarla, ejercitarla. La fe sin obras es muerta. El conocimiento de las escrituras sin la práctica no tiene valor. ¿De qué sirve leer la Biblia si no practicamos sus enseñanzas? Es mejor conocer solo un por ciento de ella y practicarla, que leerla el cien por ciento y no vivir de acuerdo con sus enseñanzas.

Hay quienes digan que en la Iglesia Universal del Reino de Dios no hay doctrina, o enseñanzas. Nosotros buscamos practicar lo que conocemos de la Palabra de Dios – esta es la doctrina de la Universal. Por eso, Él nos da la victoria. Este es el secreto de nuestro éxito. Buscamos practicar lo que el Espíritu Santo nos revela, pero para eso, tenemos que buscar al Señor, practicar nuestra fe y ejercitar Su Palabra.

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