El Milagro de la Multiplicación

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Lo que más existe son personas que se preguntan: «¿Qué hacer, pues lo que viene a mis manos, por ser tan poco, no es suficiente para atender mis necesidades?»

Eso es dicho no solo por personas que ganan poco, sino también por aquellos que, a los ojos de muchos, ganan bien. Lo que reciben apenas alcanza para sí, mucho menos para atender las necesidades de los que están a su alrededor. A veces, todas las personas de la casa trabajan y, aun así, sumando el salario de todos, no se tiene nada.

Pero esa no es una situación nueva, estamos hablando de un problema antiguo. Entonces, ¿cómo resolver de una vez por todas ese problema de miseria?

Mire la luz que el Señor Jesús dio cuando una multitud de más de 5 mil personas en el desierto no tenía qué comer:

Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a Él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman estos? Pero esto decía para probarle; porque Él sabía lo que había de hacer.

Felipe Le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco. Uno de Sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, Le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?

Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones. Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían.

Y cuando se hubieron saciado, dijo a Sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido. Juan 6:5-13

Al ser interrogado, Felipe Le respondió al Señor Jesús diciendo que lo que tenían no iba a ser suficiente para todos. ¿Y no es esta su situación?

Sin embargo, cuando fue colocado en las manos del Señor Jesús lo que tenían, Él lo multiplicó extraordinariamente, de manera que todos comieron hasta hartarse y sobró en abundancia.

Si hubiesen hecho que el pueblo se fuera, y cada uno hubiese tenido que comprar por el camino o incluso hubiese tenido que esperar hasta llegar a su casa para tener comida, aun así no habrían comido tanto como comieron en el desierto.

Entendemos que el Señor Jesús estaba diciéndoles así a los discípulos: «Miren lo que ustedes deben hacer cuando una persona coloque las ofrendas en el Altar. Su obligación es levantarlas a los cielos y multiplicarlas, porque ustedes recibieron la autoridad para curar, liberar, ministrar el bautismo con el Espíritu Santo y también para multiplicar, y el lugar no hace ninguna diferencia, puede incluso ser en el propio desierto.»

Por lo tanto, basta que alguien vaya a una Universal ahora, que busque a un hombre de Dios y le diga: «Vine aquí para que usted multiplique». Y él lo va a hacer, pues tiene unción para eso.

¡Que Dios los bendiga mucho más!

Fuente: bispomacedo.com.br/es

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