El orgullo y el hombre de Dios

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Obviamente, el diablo le sugiere pensamientos de orgullo y esto acaba por corromper el corazón. Y es ahí que comienza la caída de los ungidos. Precisamos tener siempre en mente que la autoridad que Dios nos delega es exclusivamente para hacerse Su santa voluntad. ¡Cuando escoge un hombre o una mujer es para una determinada tarea!

Es muy peligroso para el hombre de Dios creer que sus manos hicieron esto o aquello; ¡si él cree así también cree que la gloria de la obra del Espíritu Santo pertenece a sí mismo y no a Dios! Debemos tener el máximo cuidado con la autoridad que Dios nos delega y nunca permitir que ella se nos suba a la cabeza por influencia de los seres queridos o de quien quiera que sea inspirado por Satanás, sabiendo que de todo lo que recibimos de Dios también habremos de dar cuentas. El Señor Jesús dijo:

“Porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.” (Lucas 12:48)

El rey David dijo: “Si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas” (Salmos 62:10). Esas riquezas pueden ser la autoridad espiritual. ¡La autoridad que recibimos de Dios es para el servicio y gloria exclusivos de nuestro Señor Jesucristo! ¡Si nuestro trabajo va bien, gracias y gloria a Dios! Si no va bien, entonces hay alguna cosa impidiendo el flujo de la unción para ejecutar la voluntad de Dios. Y en cuanto a esto, vale la pena recordar que la iglesia que el Señor colocó bajo su autoridad espiritual será bendecida o no dependiendo de la práctica diaria de esa unción.

El hombre de Dios sabe que su autoridad espiritual es para dominar a los espíritus de todo el infierno y no a las personas que están en el infierno.

 

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