El orgulloso siempre pierde la lucha

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“¡Él se la cree!” Esa expresión es usada generalmente para mostrar la característica de una persona orgullosa. Según la psicóloga Débora Cristina de Macedo, cuando alguien tiene ese sentimiento de soberbia, siempre quiere estar por encima de los demás, ser el mejor.

Es como si un luchador entrara en un enfrentamiento con la idea de “ya gané”. Entonces, ¿qué hace él? Se burla de su adversario, lo juzga inferior y actúa como pudiera vencer en el momento que quisiera. Eso también sucede cuando nos anticipamos a Dios y queremos resolver todo a nuestra manera, pensando que sabemos algo.

¿Cuántas veces somos soberbios delante de Dios? Recibimos alguna bendición de Su parte y ya  pensamos que “somos los mejores”, o “el más amado de Jesús”. ¡Qué ironía! Para Él, somos iguales, no hay jerarquía, amor mayor o mayor consideración por este o aquel. Por eso, no podemos ser orgullosos ante Él.

Para la psicóloga, ese sentimiento, generalmente, aparece por conflictos internos no resueltos. “Es la manera más fácil de encubrir o hacer de cuenta que eso ya está bien resuelto, justamente queriendo ser lo que no se es, o mostrar ser eso que realmente le gustaría ser.”

Es lo que vemos en muchos “poderosos” o famosos, orgullosos por su exposición, buscando siempre más admiración y reconocimiento de los demás. “Pero eso solo demuestra su falta de estima, que necesita ser elevada por los demás”, destaca Débora.

El soberbio conoce de lejos “esa forma de ser”. Es siempre esa manera de “solo yo lo sé”, “solo yo lo conozco”. Es por eso que, generalmente, cuando alguien quiere resolver algo por sí solo sale mal. “Porque vivimos con personas a nuestro alrededor con reglas, normas, valores y principios que deben ser obedecidos. Cuando hacemos algo o tomamos decisiones por nuestras razones, con seguridad, estamos infringiendo alguna norma y el resultado no podría ser otro sino lo peor, pues de esa forma estamos mirando hacia aquello que queremos o nos gusta, sin querer saber si es correcto o equivocado.  Lo que vale es lo que yo pienso y no lo que sería correcto”, explica a psicóloga.

“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu.” Proverbios 16:18

Es por eso que quien es orgulloso y tiene a la soberbia como núcleo de su vida, un día será “noqueado”, y de la manera que menos espera o en lo que más creía que sabía.

El soberbio se vuelve individualista, sus opiniones están siempre en primer lugar y, por eso, es inseguro, está siempre a la defensiva, no tiene ninguna percepción del otro. “Esas personas son arrogantes, orgullosas, les falta amor hacia el prójimo y humildad, también son prepotentes y enormemente egoístas. Por ese comportamiento, siempre se encuentran solos y no saben cómo lidiar con la soledad, por pensar que todo debe estar girando a su alrededor.”

La persona soberbia parece estar en un camino sin regreso, pero puede haber una luz al final del túnel, si reconoce que está enferma. “Viéndose de esa forma, necesita aprender a lidiar con sus debilidades que con seguridad tienen sus raíces en el pasado”, finaliza Débora.

“La soberbia del hombre le abate; pero al humilde de espíritu sustenta la honra.” Proverbios 29:23

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