El origen del desprecio por el altar

A large Meteor burning and glowing as it hits the earth’s atmosphere. 3D illustration.

Satanás fue el primero en despreciar a Dios. Después trató de sembrar esa idea en sus compañeros: los ángeles que servían en el Cielo con él.

Más tarde, usando a una serpiente, el diablo engañó a Eva en el jardín del Edén. Cuando ella y Adán comieron el fruto del cual Dios había dicho que no comieran, ambos despreciaron la Palabra que les había sido dada.

Después, Caín siguió por el mismo camino y, con él, casi toda la humanidad, pues pocos son como el justo Abel.

Tras eso, vimos el pecado del desprecio al Señor en los sacerdotes en la época de Malaquías, en los escribas y fariseos en los tiempos del ministerio del Señor Jesús en la tierra, y, ahora, de forma tan acentuada, en la Iglesia contemporánea.

Las consecuencias de esa falta de respeto al Señor son inevitables, ¡pero nada es peor que la muerte espiritual!

Delante de todo lo que ya fue expuesto, podemos afirmar que todos los problemas del ser humano se originan en el menosprecio al Altar, es decir, a lo que es sagrado. Y no piense que solamente de vez en cuando necesitamos escoger entre lo que es sagrado y lo que es terrenal. ¡No! Todos los días y en todo momento, tenemos que decidir entre el oro y el Altar; entre nuestra voluntad o la voluntad de Dios.

Debido a eso, satanás, “la serpiente antigua que se llama el diablo y satanás, el cual engaña al mundo entero” (Apocalipsis 12:9), está cada día más determinado en su propósito de sembrar dudas y conducir al hombre a des- obedecer a Dios, pues su tiempo se está acabando.

Mensaje substraído de: El Oro y el Altar (autor: Obispo Edir Macedo)

Entradas relacionadas