El pensamiento del hombre de Dios

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Sabemos que el diablo usa la misma arma que Dios pero es para llevar a las personas al engaño; esto es, el poder de la palabra, de los pensamientos y de las ideas. La palabra cuando sale de la boca de Dios o cuando es inspirada por Dios siempre produce fe, ánimo, coraje, fuerza, en fin, ¡vida! Pero, cuando la palabra o el pensamiento es una inspiración del diablo; siempre produce justamente lo opuesto, esto es, duda, desánimo, miedo, flaqueza, en fin, ¡muerte! La Biblia nos da un ejemplo extremadamente importante sobre la inspiración satánica en el caso de Ananías y Safira. Dice el texto Sagrado:

“Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira, su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba en tu poder?, ¿por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre los que lo oyeron.”

Hechos 5:1-5

Ananías y Safira formaban parte de la Iglesia primitiva, si ellos eran convertidos o convencidos, ¡sólo Dios lo sabe!, pero lo más grave fue que dejaron a Satanás llenar su corazón con pensamientos contrarios a los pensamientos de Dios.

¡Ahí está el gran peligro que las personas corren cuando se dejan llevar por pensamientos contrarios a la fe cristiana! Y el hombre de Dios debe estar muy atento a eso. Dios espera que él profetice Su palabra, Sus pensamientos para que toda la humanidad tenga la oportunidad de conocerlo: pero si por un momento siquiera permite que un único pensamiento satánico, por más inocente que parezca penetre en su corazón, entonces todo su trabajo estará corriendo un gran riesgo. Y es justamente por esa razón que Dios advertía al pueblo de Israel, para que observara atentamente Su voz, teniendo el cuidado de guardar todos sus mandamientos y no se dejaran desviar de todas Sus palabras, ¡ni a la derecha, ni a la izquierda!

El caso de Ananías y Safira debe servir como ejemplo, porque así como los dos se “pusieron de acuerdo”, el hombre de Dios necesita tener una esposa sabia, prudente y por encima de todo, espiritual, con el fin de que nunca entre en mal acuerdo con su marido o sugiera algo que sea abominable para el Señor. En verdad no sabemos si fue Ananías o Safira quien dio la idea primero de retener parte del dinero de aquel campo, pero la realidad es que, si al menos uno de ellos hubiese estado bien con Dios o atento a la voz de Dios, jamás habrían abrigado aquel espíritu de mentira. ¡Sea como sea, que el ejemplo de ellos nunca se vuelva a repetir con nadie!

¡El hombre de Dios es simple como una paloma, pero, al mismo tiempo, prudente como una serpiente!, y por eso mismo, no debe dar oídos a todas las palabras o pensamientos que surgen en su mente, o mejor, debe filtrar las palabras que lleguen a su oído de manera que no permita que, de repente, deje pasar a su corazón una palabra que va a producir duda. Pues la duda genera recelo; el recelo genera miedo y este miedo siempre trae el fracaso.

El hombre de Dios tiene que vigilar constantemente los pensamientos que surgen en su mente; así como las palabras que llegan a sus oídos, especialmente de aquellas personas que están más allegadas a él y cuyo amor es más acentuado; porque el diablo nunca va inspirar a un enemigo o a un amigo poco influyente, éstos no tienen tanta credibilidad pero procurará usar justamente a aquellas personas más íntimas, y especialmente de nuestra propia familia. ¡A veces incluso a nuestra propia mujer! ¡¡¡Todo cuidado es poco!!!

El diablo no sólo trabaja con pensamientos sucios, totalmente contrarios a los pensamientos de Dios, sino también con la propia Palabra de Dios. Para aquellos que ya son de él, inspira toda clase de suciedad, tanto moral como espiritual. Para aquellos que ya son de Dios y procuran fundamentar su fe en la Palabra de Dios; el diablo procura usar de la propia Biblia para inspirar pensamientos o ideas contrarias a Dios. Y está claro que el diablo siempre usa palabras o versículos sueltos, o sea, fuera del contexto general de los pensamientos de Dios.

Así como tentó al Señor Jesús, sugiriéndole lanzarse desde el pináculo del templo usando dos versículos del Salmo 91, procura sugerir doctrinas, ideas nuevas, pero radicalmente falsas, usando la misma Palabra de Dios. Y lo peor de todo es que esas falsas doctrinas proliferan inicialmente sin gran éxito; pero más tarde se ve la gran destrucción y devastación que hicieron dentro de la Iglesia del Señor Jesús. Un ejemplo son las doctrinas de “caer por el poder de Dios”, “una vez salvo, salvo para siempre” y tantas otras que están llevando a tanta gente a ser engañadas por el diablo.

El hombre de Dios nunca se deja llevar por una palabra o versículo suelto de la Biblia; sino que siempre procura verificar los versículos de un determinado libro de la Biblia con su contexto y con los otros libros de la propia Biblia; y lo hace no sólo utilizando la oración, sino también la inteligencia. Por ejemplo cuando uno se cae por el poder de Dios, esto no tiene sentido ninguno, pues ¡Dios no hace caer a nadie; sino que levanta! Pero aquellos que están endemoniados, sí, ¡éstos se caen cuando se manifiesta el poder de Dios! Esto es apenas una cuestión de inteligencia y de discernimiento espiritual.

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