El poder de las elecciones

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Desde niño el ser humano ya comienza a mostrar indicios de su personalidad. Tranquilo, inquieto, llorón o sonriente son adjetivos que muchas madres les dan a sus pequeños hijos aún en las primeras semanas de vida. Con el pasar del tiempo y, principalmente en la adolescencia, las marcas más fuertes de personalidad pueden hasta generar conflictos entre los padres e hijos. Los padres quieren “A” y los hijos quieren “B”. Y así comienzan los problemas.

Pero, por más increíble que parezca, si acompañamos el desarrollo de esa persona, años más tarde esas fuertes señales de personalidad, aún presentes, van a ser poco a poco dominadas por las continuas imposiciones de la sociedad. Sea en el trabajo, en la facultad, en las relaciones o en la propia familia, las elecciones se van estandarizando. Cada vez más las personas eligen lo que todos eligen.

Si los compañeros de trabajo de un joven eligen, por ejemplo, terminar el día en un bar, en una relajada happy hour, hay grandes posibilidades de que ese joven elija el mismo destino. Si las amigas de la facultad deciden entregarse a los insistentes pedidos de los veteranos para “osar” un poco más en la fiesta del campus, allá va aquella tímida muchacha en el mismo barco, entregando su sexualidad casi por obligación.

¿Qué está sucediendo? ¿Estaremos caminando rumbo a un proceso de auto anulación?

El poder de elección es una dádiva dada a cada uno, por Nuestro Creador, y en cada elección nos aproximamos o nos alejamos de nuestros sueños.

Por eso, amigo lector, reflexione mucho antes de tomar decisiones. Si su vida no está, en este momento, como usted quiere, es por las elecciones de su pasado.  Pero si usted decide que eso tiene que cambiar, es simple: cambie sus actitudes en el presente y su futuro será victorioso.

 “Entonces el Señor le dijo: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.” Génesis 4: 6-7

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