“El tiempo pasa y mi vida no cambia, ¿qué debo hacer?”

Muchos creen que necesitan un incentivo para poder cambiar y tomar mejores decisiones en la vida. Por eso, esperan el comienzo de un nuevo año para optar por nuevos hábitos alimenticios, retomar los estudios, realizar trámites pendientes, renunciar a las compañías que les hacen mal, dejar un determinado vicio, entre otras cosas. Sin embargo, aunque al principio intentan practicar un estilo de vida diferente, terminan cometiendo los mismos errores de siempre.

Eso sucede porque es imposible que una persona cambie radicalmente si su interior sigue de la misma manera.

Por lo tanto, para poder alcanzar una nueva identidad, no se necesita solo tener fuerza de voluntad o una postura positiva, sino sacrificar toda la vida a Dios, así como lo hizo Jacob.

La herida

“Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.” Génesis 32:24-25

Jacob se aferró al Señor y no lo soltó porque anhelaba cambiar, ser otra persona, dejar de ser un engañador, un traidor. Y el Ángel tuvo que causarle un dolor momentáneo en su nervio para que su viejo “yo” fuera herido y así pudiera nacer una nueva persona dentro de él.

Algunos quieren tener un encuentro con Dios como lo tuvo Jacob, pero no están dispuestos a pagar el precio, no están dispuestos a sacrificar lo que está mal. No obstante, es necesario que ocurra esa “herida” para que el cambio de vida sea definitivo.

“Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.” Génesis 32:28

Y usted, ¿está dispuesto a entregarle toda su vida a Dios para nacer de nuevo?

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