En cuanto a la edad

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El muchacho que desea hacer la obra de Dios no se debe casar con una chica que tenga la edad superior a la de él, salvo algunas excepciones, como que sea suficientemente maduro y experto en la vida para no dejarse influenciar por ella, y, aún así, no debe pasarle, como norma conveniente, dos años de diferencia.

A muchas personas no les gusta cuando hacemos esas comparaciones; pero, hemos visto que cuando una mujer tiene una edad superior a la del marido, ella que ya por naturaleza tiene instinto de gobernar, con su mayor edad, entonces acaba por colocarse en el lugar de la madre del marido. Y lo peor no es eso; lo peor es que la mujer normalmente envejece más pronto que el hombre, y cuando ella llega a media edad, el marido a su vez estará más maduro pero no tan envejecido como ella. Y la experiencia nos ha mostrado que es mucho más difícil, aunque no imposible, mantener la fidelidad conyugal.

Para evitar ése y otros trastornos originados por la diferencia de edad, por lo menos para el muchacho, es preferible que no haya ningún compromiso de boda. Debemos creer que Dios tiene reservado para cada siervo una sierva de acuerdo con sus aspiraciones, que a su vez van al encuentro de las aspiraciones de ella, por esa razón no es bueno que el muchacho se apresure y se case con la primera que aparezca sólo porque quiere hacer la obra de Dios y necesita de una esposa. ¡No!

Si no confía que Dios vendrá a suplirle con su otra mitad entonces, ¿cómo es que va a confiar que Dios hará Su obra a través de él?

 

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