Sin dar atención a ¡qué dirán!

cenaEn un bufete muy importante trabajaba una joven abogada el cual estaba casada hace 4 años con un simple mecánico. Ella era la abogada más dedicada de aquella oficina, y por esto el jefe decidió darle un cargo más alto y la responsabilidad de viajar a otros países a supervisar los otros bufetes.

La joven abogada aceptó la propuesta de su jefe. Al llegar a casa, le comentó a su esposo el acenso que había recibido; el esposo la amaba tanto que le propuso que llevara a sus compañeros de trabajo a la casa para que celebrasen junto a ellos. Dos semanas después, su esposo preparó una gran sorpresa en la casa y, sin que ella supiera, llevó a todos sus compañeros de trabajo.

El jefe también fue invitado. En medio de la fiesta y del brindis, el jefe pregunta al esposo de ella:   – ¿Y usted, joven, a qué se dedica?

Ella, sin dejarlo hablar, responde:

– ¡Él es dueño del mejor concesionario del país!

Al ella responder eso, él se da cuenta de lo mucho que su esposa, a quien tanto ama, siente vergüenza de él.

Reflexión:

¿Qué es más importante, el amor que ellos se tenían o los comentarios que pudieran emitir sus compañeros?

Ella perdió cuatro años de matrimonio solo por no admitir delante de sus colegas que estaba casada con un simple mecánico pero que la amaba mucho.

Así como ella existen muchas personas que dejándose llevar por el qué dirán los demás, han negado a Dios, han perdido su salvación porque les da pena admitir delante de sus amigos, colegas, vecinos y familiares que sirven a Dios.

¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles. (Marcos 8:37-38)

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