Enfrentando miedos

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Me acuerdo claramente del día en que mi hija fue a hacer un procedimiento quirúrgico. Fui con ella,la llevé hasta la puerta del ascensor, y allí la bese y me despedí. Se puede imaginar la sensación “límite” que hay dentro de uno, y en aquel momento, yo sabía que sería difícil para ella.

Este es uno de los peores dolores que el ser humano puede enfrentar – la impotencia. Mi campo de acción había llegado hasta aquel ascensor, y ella tendría que seguir y vencer sus miedos y complejos sola, enfrentar lo que tendría que venir por delante.

Era una situación nueva, con personas extrañas, así que la besé y dije, con toda la certeza que existía dentro de mí: “ Vine contigo hasta el ascensor, ahora tu sigues con Jesús.”

Es así cuando amamos – usted deja sus sentimientos a un lado y se vuelca completamente en el beneficio del otro. Y sus propias necesidades ya no son prioridades. Y era ese incentivo lo que ella necesitaba en aquel momento.

Mientras más el niño enfrenta sus miedos, más adelante el va a resistir mejor los problemas cuando tuviera que enfrentarlos.

Dejar que los hijos enfrenten sus miedos realmente nos trae una sensación de malestar, pues somos bombardeadas por incontables pensamientos del tipo: -¿Y si sale mal? ¿Y si no lo consigue ? ¿Y si necesita ayuda?

No importan las circunstancias que vendrán, nuestros hijos necesitan aprender a enfrentar sus miedos. Sea el miedo de ser llamado la atención, miedo de equivocarse, miedo de perder, miedo de no conseguir, miedo de fracasar, miedo de no alcanzar las expectativas, miedos que nos envuelven en el día a día, como aprender algo nuevo, enfrentar una situación nueva, una adaptación nueva, cambios y etc…

En definitiva, todo lo que pueda traer sentimientos de inseguridad, de miedo e inestabilidad, necesita ser enfrentado directamente, cara a cara.

Eso también aconteció con nosotros, nuestros padres tuvieron que dejarnos encarar situaciones que hoy resolvemos de carrerilla ☺.Los padres tiene límites, y los hijos necesitan enfrentar sus miedos para que puedan a través de sus propia experiencias crecer y madurar. Existirán momentos que tendrán que enfrentarlos solos,y no va ser por falta de cuidado de los padres, pero ellos también son humanos.

Los padres deben convivir bien con esa limitación, y los hijos entender que ni siempre tendrán a disposición la ayuda de sus padres, por toda la vida.

Cuando ambos ven eso de forma clara, prueban la confianza, descubren el poder de la Fe, y entienden que en esas situaciones disfrutarán de nuevos aprendizajes.

Queda aquí una moraleja para padres e hijos: Enfrentar los miedos aumenta la resistencia contra los problemas.

Colaboró: Flávia Sousa, Rumanía.

Fuente: blogs.universal.org

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