Entrene su silencio

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Grandes y pequeñas ciudades están sufriendo cada día más con la agitación y el barullo impuestos por el crecimiento.

Ese problema ha sido potenciado aún más por la falta de educación vigente. Es raro poder disfrutar de momentos que proporcionen tranquilidad y calma. En todos lados hay apuro, conversaciones, bocinas de autos, música a alto volumen, personas hablando por teléfono, etc.

Sin embargo, existe una variedad de actividades que no pueden ser hechas y ni siquiera contempladas si el ambiente no ayuda. ¿Cómo oír una orquesta y darse cuenta de la belleza del sonido de cada instrumento, con tantas cosas sucediendo en el mismo momento?

¿Cómo alcanzar la búsqueda del conocimiento en los bancos de una biblioteca sin que logremos sumergirnos en las letras del libro?

¿Cómo estar en un museo, delante de obras raras, ricas en técnicas y expresión y no callarse para contemplarlas?

¿Ya pensó en intentar asimilar un tema completo en un aula donde los alumnos están en desorden?

Si para las cosas seculares el silencio ya vale oro, ¿qué diremos de las cosas espirituales?

En el deseo de que el pueblo sacase el máximo provecho de las instrucciones, el Altísimo dijo cierta vez: Guarda silencio y escucha, oh Israel. Deuteronomio 27:9

Él no habla cuando estamos hablando, y sí cuando estamos sedientos en silencio para oír.
Aprendemos también con lo que parece un detalle en la construcción del Templo de Salomón del pasado, pero que es una enseñanza fundamental para nuestros días.

Y cuando se edificó la casa, la fabricaron de piedras que traían ya acabadas, de tal manera que cuando la edificaban, ni martillos ni hachas se oyeron en la casa, ni ningún otro instrumento de hierro. 1 Reyes 6:7

Pesados bloques de piedra eran tallados minuciosamente en la cantera, de modo que cuando llegaban a la construcción, los trabajadores habilidosamente los encajaban. Se hizo el mismo procedimiento con toda la madera y los metales usados en la obra. Todo fue conducido de manera que cerca de 180 mil hombres trabajaron durante 7 años en el más profundo silencio y reverencia.

Si la construcción fue así tan diferente, imagínese cuando llegó el día de la dedicación al Templo y el posterior privilegio de poder estar allá, aunque fuese en los patios.
Muchas personas han frecuentado la iglesia, sin embargo han perdido lo que es más valioso de Dios, simplemente por no haber cuidado la reverencia a lo sagrado. Antes de comenzar los cultos, se involucran en conversaciones, risas y temas que solo las alejan de lo espiritual.

Es difícil ver personas que se programen para llegar más temprano a los cultos, y que permanezca en espíritu de oración. El ruido de las canteras es lo que más se ha oído en las iglesias, y se ha aceptado como algo normal.

En el silencio revelamos un comportamiento de temor y aprecio delante de Dios como dice en Lamentaciones 3:26: Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor.

La comunicación y el aprendizaje espiritual no combinan con el atropello de las palabras y el gran ruido, como muchos piensan. Si así fuese, el Señor Dios no habría llevado a Sus siervos, como Abraham, Moisés, Elías, Juan Bautista y el Señor Jesús, a los silenciosos desiertos. Allí Su voz no competiría con nada más, sería única y audible.

Hoy somos las piedras vivas del Templo de Jesús (1 Pedro 2:5), si obedecemos Su Dirección seremos encajados perfectamente en Sus propósitos.
Por lo tanto, que nuestro sacrificio espiritual diario contenga la reverencia que Él merece.

Fuente: bispomacedo.com.br

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