¿Es normal gritarles a los hijos?

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¿Les está gritando mucho a sus hijos? ¿No la oyen, incluso a los gritos? ¿No atienden más su voz de mando? Tal vez sea necesario repensar algunos métodos diarios y aprender a ser oída sin necesitar llamar “demasiado” la atención.

Muchas veces el problema no es, propiamente, lo que sucede a su alrededor, exteriormente, o la desobediencia de sus hijos, sino la forma como usted, padre o madre, está lidiando con la situación en sí, cómo ha reaccionado y lo que ha hecho para contener el problema y mantener la paz en su casa.

Este asunto, inclusive, fue tema de uno de los encuentros de “Madres en oración”, de la Universal, que tiene como objetivo reunir a madres que oran por sus hijos. Ísis Regina, responsable por el grupo, resaltó la importancia de los sermones dulces y tranquilos al lidiar con nuestros hijos.

De acuerdo con ella, la belleza de las madres no debe estar en las decoraciones exteriores, como el cabello trenzado y joyas de oro o ropa fina, sino en la forma como lidian con su familia, o sea, siendo amables y tranquilas, incluso con sus hijos, sus grandes imitadores.

Si somos rudas en el hablar y gritamos cuando queremos la atención de nuestros hijos, verdaderamente lo serán también.

Desestructura

Es más o menos así que está viviendo la familia del funcionario público J.M. Él grita, la esposa grita y sus hijos responden de la misma forma.

“Nunca me gustó mucho el griterío, pero últimamente hemos vivido eso en casa. Es malo, porque uno le grita a su hijo y él también responde con el mismo tono. Entonces, ¿quiénes somos para reclamar respeto si no actuamos bien? Mi esposa, muchas veces, tiene que gritar para minimizar una situación, y eso termina afectando la vida de todos, se vuelve todo un desorden y desestructura a cualquier familia”, lamenta.

Él y su familia concurren los domingos a la Universal, en São Paulo, y están buscando en Dios una salida para el dilema familiar. “Queremos cambiar ese cuadro. Hemos aprendido mucho e intentado colocar eso en práctica a cada día. Poco a poco, hemos visto el resultado, lo que ya es un gran paso”, asegura.

La asistente administrativa Débora Quércia (Foto de al lado), de 21 años, enfrentó exactamente esos problemas en su infancia. Según cuenta, su madre siempre trabajó y, como cualquier niño, sintió mucho su falta en el transcurso de los días.

“Cuando llegaba del trabajo, a la noche, yo buscaba un poco de atención, sin embargo no era eso lo que recibía. Al contrario: encontraba a una madre estresada, que se quejaba absolutamente por todo y, muchas veces, nos hablaba mal en casa. Todo lo que le preguntaba, cuando me respondía, era a los gritos, lo que generaba mucho miedo y recelo de conversar cualquier cosa, pues incluso lo que me pedía era a los gritos. Esa forma de actuar de ella afectaba todo el ambiente de mi casa, todos terminábamos estresados también”, recuerda.

Débora dice que solo quería “abrirse” con su madre, contarle cómo había sido su día, pero ya sabía de antemano que todo lo que su madre le diría era que “estaba demasiado cansada, que no quería saber de nada y que la deje en paz.”

“Crecí muy distante de ella, nos volvimos casi extrañas dentro de nuestra propia casa. Hoy, después de conocer al Señor Jesús, pasé a tratarla de otra forma y a buscar entender su “estrés”, así también como ayudarla más. También busco la oportunidad para que converse conmigo, le pregunto siempre cómo fue su día en el trabajo y nuestra relación cambió; aprendí a oírla, a no contestarle mal, a interesarme más por sus tareas diarias y a colocarme como una verdadera amiga. Cuando me doy cuenta  de que puede estresarse con algo, siempre busco calmarla y mostrarle una salida positiva para eso”, relató la joven, satisfecha.

Vea cómo nunca es tarde para poner en orden su hogar. Si usted ha pasado por los mismos problemas de J.M. o por los cuales pasó Débora, participe de una reunión en la Universal. Mientras que los padres asisten de la conferencia en el salón principal, los hijos pequeños pueden permanecer en la EBI (Educación Bíblica Infanto-juvenil), donde también reciben orientaciones especiales y enseñanzas bíblicas de forma lúdica y educativa.

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